Unas elecciones plebiscitarias anticipadas, posible salida al atolladero catalán
10 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La décima legislatura catalana aún no ha cumplido ni medio año de vida y ha entrado en su fase decisiva. Puede que final. Así lo han querido CiU y Esquerra, que al inicio del mandato pactaron una hoja de ruta que fijaba para el 2014 la fecha de la celebración de la consulta y establecía que para el 31 de diciembre de este año todos los procedimientos formales y jurídicos de la convocatoria tendrían que estar resueltos.
A pesar de que Mas va camino de cumplir todos los puntos del acuerdo, Esquerra no para de exigir que acelere el proceso. El problema que tiene Mas es que aún no sabe cómo va a celebrar la consulta. Afirma, sobre la base de un informe firmado por el exmagistrado del Constitucional y presidente del órgano asesor para la transición nacional, Carles Viver Pi-Sunyer, que existen vías amparadas por la legislación española que harían posible el referendo.
Sin embargo, todas precisan del visto bueno del Gobierno de Mariano Rajoy, un requisito imposible. «No hay viabilidad legal sin voluntad política», se lamenta en privado un influyente diputado de CiU.
El Ejecutivo de Rajoy observa cómo evoluciona la situación desde la barrera. «No va a haber ningún guiño, ningún gesto», afirman en la Moncloa, convencidos de que el nacionalismo catalán ha emprendido un viaje hacia ninguna parte. El Gobierno central, además, tiene ahora una poderosa herramienta antisoberanista, un Tribunal Constitucional con una nueva mayoría conservadora y centralista.
Y los problemas económicos
Mas está en un «callejón sin salida», sostiene Toni Aira, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya. Un atolladero, en el que el presidente ve que no puede apuntalar el proceso y, encima, las dificultades económicas son acuciantes. La cuestión, añade, es que CiU tiene «pocas posibilidades» de dar marcha atrás. Porque si lo hace, sus dirigentes, con Mas a la cabeza, tendrán que «jubilarse»: Esquerra tiene todas las de ganar.
«La independencia se va a llevar por delante a Artur Mas», sentencian, incluso, en el entorno del presidente de la Generalitat. Mas podría articular algún tipo de votación, ir «a un proyecto rupturista, convocar la consulta aunque el Gobierno impugne al Constitucional la ley catalana de consultas», afirma Aira. Marc Sanjaume, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, apunta que incluso podría aprovechar las elecciones europeas del próximo año para hacer coincidir esa cita.