Bárcenas hizo su primer viaje a Suiza a finales de la década de los 70. No fue de traje y corbata ni su objetivo fue interesarse por el estado de la cuenta suiza donde un juez ha hallado 22 millones de euros. Aquella incursión pionera la hizo con mochila y botas de monte. El Club Montañeros de Badajoz, al que perteneció el joven Bárcenas, quería escalar el Cervino. Siempre con extremeños como compañeros de cordada, el extesorero fue perfeccionando su estilo: Gredos, Pirineos, Alpes, Andes. «Era un montañero muy constante que continuamente se retaba a sí mismo», asegura María Gemio, una vieja amiga afincada en la capital pacense.
No todo son halagos. Alguno de sus compañeros de entonces desvela que en más de una travesía lo sorprendieron «cogiendo latas de conserva de la tienda de campaña donde todos guardábamos la comida». Esta misma fuente añade que no se alteraba sino que les dedicaba una expresión socarrona. «Es la misma cara que puso hace unos días cuando hacía la peineta en el aeropuerto de Madrid recién llegado de Canadá. Ese es Bárcenas», comenta con ironía otro de los protagonistas de aquellas expediciones montañeras.