Rajoy se enfrenta a su primer debate de la nación, marcado por la corrupción

El Congreso examina el estado de la nación condicionado por los escándalos


Madrid / La Voz

Mariano Rajoy afronta su primer debate sobre el estado de la nación como presidente de Gobierno en una situación crítica. No solo por los alarmantes datos del paro, el incumplimiento sistemático de su programa electoral, el desgaste provocado por los recortes o su progresiva falta de credibilidad, sino también porque las cuentas suizas y la supuesta contabilidad B de Luis Bárcenas lo han puesto contra las cuerdas.

El escenario, que ya era difícil para él, se ha agravado inesperadamente con la irrupción en escena del extesorero, cuya alargada sombra estará presente en la Cámara. Su reacción huidiza ante las revelaciones y la falta de explicaciones convincentes sobre los puntos oscuros del caso han colocado a Rajoy en una posición de debilidad y vulnerabilidad ante las críticas que le hará la oposición. Llega a la cita clave sin que el PP haya aclarado en qué concepto cobró Bárcenas un abultado sueldo mensual hasta hace apenas un mes y medio. Lo peor para el presidente sería que el debate sobre el estado de la nación se convirtiera en el debate sobre el estado de la corrupción. Pero parece inevitable.

Su estrategia, por tanto, será desviar lo máximo posible el debate hacia el terreno económico. Hará valer como una gran éxito la drástica reducción del déficit, aunque probablemente no se cumplirá por poco el objetivo del 6,3 %, que, dirá, sentará las bases del crecimiento y la creación de empleo a partir de finales de este año y comienzos del 2014. Para contrarrestar las críticas por haber hecho lo contrario de lo que prometió, en especial al subir los impuestos, se parapetará en la frase que dijo hace unos días: «No he cumplido con mis promesas, pero sí con mi deber».

Medidas económicas

Pero su intención es mirar hacia el futuro y cambiar el paso. Anunciará que aún queda un período de sacrificios, pero llega el tiempo de la recuperación y el final de los recortes más duros. Para ello, propondrá un paquete de medidas de estímulo que supongan la reactivación del crédito a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos y que hagan posible una bajada de los impuestos el año que viene. A eso añadirá el plan de empleo juvenil dotado con 3.500 millones en cuatro años. Asimismo, presumirá de haber logrado en el último consejo europeo que España sea receptora neta de fondos.

Tratará de pasar de puntillas por el caso Bárcenas, al que ni siquiera cita por su nombre ni critica, y se erigirá como adalid de la lucha contra la corrupción con una oferta a los partidos de llegar a un gran pacto, que incluya cambios en el Código Penal, el Tribunal de Cuentas y la Ley de Transparencia.

El reto de Rajoy es tomar la iniciativa política, lo que el formato del debate le facilita, recuperar al menos parte de la credibilidad perdida y rearmar a su propio partido, que ha quedado a los pies de los caballos ante la ausencia de explicaciones. Cuenta también a su favor con la propia debilidad del líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba. Porque si Rajoy llega tocado por la corrupción y el paro, el líder socialista también comparecerá en una situación delicada, ya que deberá pasar una reválida ante sus propias filas, aunque el debate sobre las primarias se haya aplazado hasta el 2014.

Tras ser acusado de protagonizar una oposición blanda, que ya se percibió en el debate de investidura, hace unos días sorprendió al pedir la dimisión del presidente al destaparse el caso Bárcenas. Una estrategia a la que se han opuesto Felipe González y José Antonio Griñán, que no son partidarios de fiarlo todo al «váyase señor Rajoy». Al haber elevado tanto la apuesta antes del debate, será difícil estar a la altura y, además, corre el riesgo de centrarse en exceso en el caso Bárcenas con lo que su alternativa a la política del Gobierno quedaría desvaída. Su estrategia será demostrar que después de más de un año todo a ido peor en España e incidir en lo que la portavoz socialista, Soraya Rodríguez, llamó ayer «credibilidad cero» política y personal de Rajoy.

Por su parte, el portavoz de IU, Cayo Lara, reclamará la dimisión del presidente por la corrupción y haber engañado a los electores al incumplir su programa. Josep Antoni Duran i Lleida, de CiU, propondrá un plan de choque contra el paro y planteará la reivindicación soberanista. Todos los grupos serán muy críticos con la gestión de Rajoy.

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