CiU se plantea que Artur Mas gobierne sin el apoyo de Esquerra

Ambas formaciones aplazan un acuerdo encallado en la fecha del referendo

Mas, ayer, en el consejo nacional de Convergència.
Mas, ayer, en el consejo nacional de Convergència.

Barcelona / Colpisa

Aunque parecía inminente, el pacto entre CiU y ERC para la estabilidad del Gobierno catalán debe esperar. Quince días de negociaciones y dos reuniones al máximo nivel no han servido para que las dos formaciones mayoritarias se pongan de acuerdo en cómo luchar contra la crisis y, sobre todo, si hay que concretar la fecha de la consulta de autodeterminación, clave de sus programas electorales. Si la solidez del potencial Ejecutivo ya cotizaba a la baja tras la infructuosa cumbre del viernes de Artur Mas y Oriol Junqueras, la incertidumbre sobre la viabilidad del acuerdo crece.

En todo caso, una vez digerida la discordia, ambos se esforzaron por mostrarse optimistas. «Es posible y Cataluña lo necesita», dijo el convergente Oriol Pujol. «Hay más puntos de acuerdo que de desacuerdo», añadió la republicana Marta Rovira. Sin embargo, la alianza no está tan próxima como parecía antes de la cita de Mas y Junqueras en el Palau de la Generalitat, ya que decidieron reabrir el diálogo pero no entre líderes sino entre los equipos negociadores, lo que denota que las diferencias no son menores.

Convergència, Unió y Esquerra reunieron ayer sus respectivos consejos nacionales, en inicio convocados para ratificar el pacto de gobernabilidad y que al final solo bendijeron unas conversaciones a retomar. El fantasma de la ruptura planea sobre las negociaciones y empieza a ganar enteros en CiU la idea de que Mas gobierne sin apoyos. De momento, tiene asegurada la investidura, porque así se lo garantizó Esquerra, aunque Mas lo ve insuficiente y quiere pactar la estabilidad de su Ejecutivo antes de su proclamación como presidente de la Generalitat. Para ello, tiene diez días a partir de mañana, cuando se constituirá el Parlamento autónomo. Su idea era ser investido el viernes, pero ahora ya piensa en los 3 y 4 de enero.

Como dejaron claro las intervenciones de los tres máximos líderes en los consejos nacionales, el principal escollo que impide el acuerdo tiene que ver con la consulta. Esquerra quiere «poner fecha a la democracia», es decir, arrancar una declaración explícita de la federación sobre el cómo y el cuándo, dijo Junqueras. CiU aún no asume esta obligación, pues se niega a atarse de pies y manos y no pretende ir más allá de lo que ayer anotó el líder de Unió (UDC), Josep Antoni Duran i Lleida: «CiU acepta que la consulta sea esta legislatura, pero cree que no debe figurar en el papel la fecha concreta».

El boicoteador

Desde Esquerra desconfían de la voluntad real de la federación de ejercer el derecho a decidir, sobre todo de Duran, convertido en blanco de todas las críticas republicanas, que lo ven como el boicoteador del pacto. Estas rencillas no son si no el anticipo de lo que podría ser una constante en la legislatura en la que Mas tendrá que pivotar entre las presiones de ERC y Unió.

El líder de UDC, que siempre mostró sus dudas sobre la idoneidad de Esquerra, apuntó la idea de que Mas gobierne en solitario. Volvería la geometría variable de la legislatura anterior, pero la gran apuesta de este mandato, la consulta, tendría escasas posibilidades, ya que tanto PP como PSC, si Mas llamara a su puerta, le pondrían como condición que aparque su plan soberanista. La opinión de Duran tiene también sus adeptos en las filas de Convergència.

Mas tampoco acepta el impuesto sobre pisos vacíos ni el bancario, ni crear un banco público catalán, como exige ERC.

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