El futuro presidente calla, el PSOE piensa el relevo y Merkel decide
04 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Mariano Rajoy ya se lo adelantó a Alfredo Pérez Rubalcaba en la tribuna del desfile de las Fuerzas Armadas el 12 de octubre: «En esta campaña electoral, Alfredo, yo voy a decir solo tres cosas: ?buenos días, buenas tardes y buenas noches?». Y lo cumplió. No dijo nada de recortes, aunque de haberlo hecho, seguramente hubiera ganado igual. A modo de globo sonda, María Dolores de Cospedal anunció a dos días de las elecciones recortes serios por el inminente Gobierno de Rajoy y eso no intimidó al electorado, deseoso de un cambio. En Lérida, Jordi Pujol nos decía el otro día: «Artur Mas ya advirtió de las medidas que tomaría, poco antes del 20-N , y arrasó». Se diría, por tanto, que existe una convicción popular manifiesta de que son necesarias medidas excepcionales para salir de esto. Otra cosa es que el PSOE ya anuncie movilizaciones en Castilla-La Mancha contra De Cospedal, pero no hay que perder de vista que en esa comunidad hay un joven político, el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page, que aspira a ser secretario general del PSOE.
Ayer habló por fin Rajoy y lo hizo en Pontevedra, pero tampoco dijo nada que no supiéramos, que vienen tiempos muy difíciles, aunque saldremos. Vistió su visita a su ciudad de acto personal y no político, por más que se reuniera con el PP provincial, un gesto de agradecimiento con el electorado. «Aquí en Madrid, muchos confunden el restaurante Zalacaín con España», compartía Rajoy con nosotros hace pocas fechas criticando la política de salón y la desconsideración capitalina hacia el territorio.
De lo que de verdad piensa el inminente presidente del Gobierno de España sabemos poco, solo lo que filtran quienes lo visitan, de modo que la pequeña crónica de sus conversaciones que han hecho Juan Rosell, Fernández Toxo, Cándido Méndez y Nick Cleeg, el viceprimer ministro británico, se han convertido en alimento periodístico vital en estas semanas.
Entretanto, en el PSOE se velan armas. Rubalcaba, Chacón o un tercero. García-Page estará en la lista de salida y Eduardo Madina parece descartarse. Del joven diputado vasco, que perdió una pierna en un atentado de ETA, se asegura que, aun teniendo pocas ganas de ser candidato, se las quitó el lendakari Patxi López, quien le habría pedido calma porque «este no es el momento». Gana fuerza la idea de que lo que suceda en el congreso socialista de febrero será un simple período de transición hacia la batalla definitiva para la elección del líder socialista llamado a sacar a Rajoy de la presidencia.
Pero la partida fundamental para España ahora se juega en Marsella a partir del jueves. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, que no para de subir en las encuestas, describirán la Europa que han diseñado y tomarán nota de los que quieren viajar en su vagón de primera clase aun con precios estratosféricos. Algo sabemos: se acabó la unanimidad. Que un pequeño país, como Grecia, o un recién llegado, como Polonia, puedan bloquear una decisión comunitaria pasará a la historia.
El pasado domingo, en el entierro del socialista Roberto Dorado, que fue doce años director del gabinete de la Moncloa, Felipe González se vio rodeado por personas ansiosas de saber a dónde vamos. José María Calviño, exdirector de RTVE, lo resume bien: «Hizo un análisis, como siempre muy brillante, de lo que pasa en Europa, pero cabía concluir de sus palabras que o se controla a la señora Merkel o acaba con nosotros». Felipe dixit.