En la pasada primavera, Mariano Rajoy había anunciado la convención de Málaga como el momento en el que el PP desvelaría las reformas con las que pretende cambiar España. Pero ha llegado la hora de la verdad y de propuestas nada se sabe. Los populares están tan eufóricos, pese a las llamadas a la calma de Núñez Feijoo, que ya solo piensan en lo que vendrá tras las elecciones. «Los 45 días que faltan hasta el 20-N se nos están haciendo a todos eternos», reconoció la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, diciendo en voz alta lo que piensan la inmensa mayoría de los presentes en el cónclave.
Ayer fue el día de los presidentes autonómicos. Intervinieron los de las once comunidades que gobierna el Partido Popular. Y el denominador común fue el del optimismo. El extremeño José Antonio Monago fue el único que secundó la postura más cautelosa del gallego Núñez Feijoo. Monago instó a sus compañeros a tomarse las elecciones como si fueran unas municipales y vayan pueblo por pueblo para explicar el proyecto del partido y animar a los ciudadanos a respaldarlos en las urnas el 20-N.
La convención que el PP celebra en el Palacio de Congresos de Málaga está siendo en realidad una sucesión de mítines contra Rubalcaba, a quien la portavoz parlamentaria del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, acusó de pasarse «por el forro» las peticiones al Gobierno aprobadas por el Congreso. Se refería en concreto a la promesa que ayer hizo el candidato socialista de estudiar la forma de que Hacienda no cobre el IVA por las facturas impagadas. Sáenz de Santamaría recordó que se trata de una vieja reclamación del Parlamento a la que el Gobierno ha hecho caso omiso. Por eso, acusó a Rubalcaba de «faltar al respeto y la inteligencia de los españoles» con su promesa.