Ceremonia del adiós con González de invitado

La Voz

ESPAÑA

01 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Entre el alivio por soltar lo que ya se considera un lastre y la nostalgia por despedir a quien les dio su victoria más inesperada. Así recibieron ayer los socialistas el último discurso de Zapatero ante un cónclave del PSOE. Detrás de los besos y abrazos que cosechó el todavía secretario general, se encuentra un hecho cierto: además del encumbramiento de Rubalcaba, la conferencia supone la marginación definitiva de Zapatero, que tras su adiós de ayer se volverá invisible en este foro del PSOE.

Por si faltaba algo para evidenciar que es el pasado, lo colocaron por delante, y por sorpresa, respecto a lo anunciado en el programa, a Felipe González. El exlíder de los socialistas se marcó un discurso europeísta y supertécnico que solo animó al personal cuando llamó a una «movilización inmediata a la ofensiva, y no a la defensiva». Pero su presencia sirvió para dejar claro que en esta conferencia lo nuevo llega hoy y lo viejo se fue ayer, aunque Rubalcaba sea contemporáneo de Felipe.

Zapatero parecía consciente de que lo que le pedían era que hiciese ya testamento. Pero más que en una reivindicación de su gestión, convirtió su discurso en una justificación de lo que se ha visto obligado a hacer debido a la crisis. Habló mucho más de reformas económicas que de reformas sociales, al contrario que cuando llegó al Gobierno. Sabiendo lo que opina Rubalcaba de los consejos, se evitó el dárselos, y prefirió deshacerse en elogios. Y para acallar a quienes dicen que lo está traicionando, Zapatero dio las gracias muy especialmente al candidato por la «lealtad» que, según afirmó, le está demostrando.