Uno de los primeros objetivos de toda dictadura es acabar con la palabra. La censura es un instrumento de dominación al que recurren todos los tiranos. Los déspotas se imponen a sangre y fuego e intentan perpetuarse enmudeciendo al pueblo para ocultar la realidad y negar la verdad. Por eso, la palabra es siempre lo primero que hay que recuperar para combatir a las dictaduras. Y explica que las redes sociales hayan sido tan importantes, que no determinantes, en las revueltas de los países árabes.
Si Zapatero quería honrar de verdad «la dignidad, la unidad y la lucha por la libertad» de los españoles hace treinta años tendría que haber hecho justo lo contrario de lo que hizo. Debería haber honrado la palabra. Porque la esencia de la democracia es justamente eso: debate, discusión, contraposición de argumentos. Todo, absolutamente todo, sin excepción, debe ser puesto en cuestión y sometido a controversia. Lo contrario, presidente, es confundirse mucho. Y lo peor es que lo ha hecho, además, un día en el que corresponde exaltar la libertad, no dejarla en suspenso.