La supuesta confesión del presidente de que ni adelantará las elecciones ni dimitirá clarifica el largo final de legislatura, en el que Rajoy tratará de encontrar algún aliado. Por Manuel Campo Vidal
26 dic 2010 . Actualizado a las 22:27 h.Como si estuviera escrito en un folleto de garantía, Zapatero durará hasta marzo del 2012. Catorce meses es solo un año largo, pero en política es una eternidad. Los que soñaban con que el presidente se viniera abajo por la crisis devastadora, o por la imperiosa necesidad de decir lo contrario de lo que prometió, deberán esperar ese tiempo. Ni con un resultado supuestamente adverso en municipales y autonómicas en mayo, ni en el peor de los escenarios financieros, Zapatero se marchará antes de tiempo ni dimitirá para favorecer unos meses de imagen a su hipotético sucesor.
Algún colaborador próximo asegura que así se lo escuchó esta misma semana, sin intermediarios, después de la conmoción que sacudió al PSOE al conocer que Zapatero admitió a unos periodistas que su decisión de continuar o no como candidato está tomada y ya la conoce su familia y algún compañero del partido. Todo el mundo pensó en un ramillete muy escogido: o Pepe Blanco, número dos del PSOE, o Pérez Rubalcaba, número dos del Gobierno, o José Andrés Torres Mora, diputado y amigo personal, hombre capaz de defender en privado y en solitario lo que pueda parecer más indefendible del presidente. Incluido eso que el profesor Javier Pérez Royo describe así: «Hacer lo contrario de lo que se prometió resulta a todas luces un desastre para la democracia». Y cita, por si acaso, a David Cameron.
El año 2011, por tanto, comenzará con algunas incógnitas despejadas: Zapatero no se irá y el nuevo presidente de la Generalitat, Artur Mas, tratará de que el Partido Popular no gane por mayoría absoluta: «Dios no lo quiera, porque sería muy malo para Cataluña», ha declarado, aunque quizá la frase le aporte mucho voto al PP fuera de Cataluña. Pero ese dato es muy importante porque, después de la abstención socialista para la investidura en segunda votación de Mas, lo que descolocó a Esquerra Republicana y al PP catalán, obligará a Mariano Rajoy a cambiar su estrategia parlamentaria para evitar quedarse solo en la mayor parte de las votaciones. Así es la vida: Zapatero puede vivir un año 2011 más cómodo parlamentariamente que el 2010, en el que estuvo un par de veces muy sonadas contra las cuerdas. Con esos dos datos claros y con una apreciable discrepancia en el interior de la dirección socialista -Barreda, López Aguilar, Tomás Gómez, etcétera-, el PSOE tiene cinco meses para tratar de superar la difícil meta volante de las municipales y autonómicas del 29 de mayo.
El miedo es perceptible y el trabajo intenso, pero si no yerra la encuesta de Sondaxe, publicada por La Voz de Galicia el pasado domingo, o si no cambian las cosas, el PP no recuperaría ninguna de las siete grandes ciudades gallegas. Eso, con la ola a favor que disfruta el PP, con el poder de la Xunta y la perspectiva de mejora electoral de Núñez Feijoo, más los socialistas gallegos ofreciendo un culebrón de fin de año y los nacionalistas medio desorientados, sería un batacazo importante. Para el PP, claro. O sea, lo contrario de lo previsto.
Otra cosa es que al PP se le exige más que al resto porque o saca mayoría absoluta o se alía con independientes a veces tan tóxicos como algunos activos financieros, o no gobierna. Injusta situación, pero es la que hay. También es cierto que en algunas comunidades autónomas, como Valencia, por más que candidatos populares ocupen la página judicial demasiados días, los socialistas no parece que vayan a ganar hasta que presenten a Jaime I el Conquistador. Y eso vale para Murcia, Rioja, Castilla y León, y para las capitales de provincia en Andalucía, donde los socialistas solo gobiernan en Sevilla, y bajando. Y el PP, subiendo.
El 2011 va a ser decisivo para saber cómo quedará España a partir del 2012. Pero queda claro desde ahora que no sirve desgastarse pidiendo elecciones anticipadas cada día como única solución para todo. Zapatero no las va a convocar ni dimitirá intentando colocar un delfín. Tocan, por tanto, reformas, empezando por el discurso de la oposición. Seguramente, Zapatero ha querido con esta filtración serenar los ánimos internos que estaban muy alterados, pero pueden tomar nota todos.