El presidente quema todas las naves

Refuerza el control político del Gobierno y el partido, además de rectificar errores, para afrontar una larga batalla electoral con el reto de dar la vuelta a las encuestas


Redacción/la voz. Zapatero se encuentra con el agua al cuello, consciente de que las encuestas lo colocan ante el riesgo cierto de llevar al PSOE hasta el mayor batacazo electoral de su historia. Esto explica que haya quemado todas las naves en un intento desesperado por llegar a las elecciones del 2012 con alguna expectativa de éxito o, al menos, en condiciones de alcanzar un resultado digno.

Comienza la batalla electoral. El pacto presupuestario con los nacionalistas vascos y canarios ha dado aire a Zapatero cuando Rajoy lo daba ya por muerto. El líder popular se ha sentido en la Moncloa antes de tiempo. Porque hay batalla política. O al menos eso es lo que busca el líder socialista con un cambio de profundo calado político. El presidente, que ya no tiene nada nuevo que ofrecer en el combate contra la crisis económica, cree que ahora se trata solo de vender adecuadamente los recortes que ha ido aprobando. Lo que de una parte supone culpar a Fernández de la Vega del fracaso de la política de comunicación. De ahí, su salida del Gobierno. Y, de otra, entroniza a Rubalcaba, un incomparable estratega político con una imagen pública muy por encima de la del Gobierno. Está por ver si el escaso año y medio que queda hasta las elecciones será suficiente para dar la vuelta a los sondeos. Está por ver también si Rubalcaba será capaz de compaginar su trabajo en Interior con sus funciones adicionales de coordinador político y portavoz del Gobierno.

Rectificaciones. Zapatero lo fía todo a la mejoría de la economía. Pero si falla en sus previsiones, y ya se ha equivocado reiteradamente, todo el andamiaje se vendrá abajo como el cuento de la lechera. Porque ya no le queda margen para nuevas rectificaciones tras las que conlleva la remodelación del Gobierno. Una, la de mayor trascendencia, con el nombramiento como ministro de Trabajo de Valeriano Gómez, una persona que se manifestó contra la reforma laboral. Un guiño a los sindicatos para levantar los puentes rotos en los últimos meses. Y otra, la supresión de dos ministerios. Uno de ellos, el de Igualdad, creado hace tan solo dos años. Es decir, una marcha atrás en toda regla. Asume así, aunque con notable retraso, las reiteradas peticiones del Congreso para que redujera el Gobierno. Aunque mantiene otros departamentos cuestionables, bien que por razones de partido: para dar un sillón a Manuel Chaves y Leire Pajín.

Recomponer el partido. La marcha de Pajín al Ejecutivo deja la vía expedita en el partido a José Blanco, enfrentado a la hasta ahora secretaria de Organización. El ministro de Fomento completa así el tridente con el que el PSOE pretende recuperar el pulso político perdido. Lo que supone también un reconocimiento del error que supuso el nombramiento de Leire Pajín. Y de la ruptura con la vieja guardia socialista, con la que ahora Zapatero trata de restañar viejas heridas al reforzar a Rubalcaba y recuperar a Ramón Jáuregui, dos socialistas históricos que ya ocuparon cargos destacados con Felipe González. El presidente sabe que para tener alguna opción deberá pelear por cada voto. Con el nombramiento de la independiente Rosa Aguilar hace un guiño a la izquierda. Y a los andaluces, un granero que necesita recuperar.

El presidente deja una pregunta sin responder: ¿la remodelación es el inicio del poszapaterismo o el último intento de retrasarlo?

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