Insultos a dos palmos de tu oreja

ESPAÑA

Los policías españoles de la frontera lamentan la connivencia de sus homólogos marroquíes con los agitadores

29 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En la frontera comparten espacio y responsabilidades Policía y Guardia Civil. La primera barrera es la policial, encargada de los trámites de documentación. En Beni-Enzar, los funcionarios se alinean frente al primer metro de tierra española tras el que se encuentra la llamada tierra de nadie, la zona de seguridad. Una liviana reja separa al policía de ese amplio espacio, donde supuestamente solo debería haber gente en tránsito y en el que los agentes españoles tienen órdenes específicas de no entrar, salvo flagrante delito.

Allí se concentraron durante las primeras semanas de agosto los agitadores. Allí, a un metro de los policías, cuentan, les gritaban, los insultaban. Sobre todo cuando había mujeres en el turno. «Fue muy difícil», explica Malica, una de las doce mujeres policías que trabajan en la frontera: «Te llamaban de todo. Muchas pensaron en marcharse durante los momentos más complicados, pero han mantenido el tipo hasta el final».

Los carteles con el fotomontaje de las policías fueron la guinda. «Parecía que los habían puesto para que pasaran los coches y escupieran», explica uno de los funcionarios que ha vivido todo el conflicto. Alguno lo hizo. «Lo que pasa es que allí están acostumbrados a que las mujeres no tengan ni voz ni voto», apunta otra mujer policía del destacamento de intervención rápida.

Lo turnos junto a la valla son de media hora. El tráfico, que reúne colas kilométricas de coches y personas que entran y salen, más el intenso calor suponen un trabajo duro.

Proteger a las policías

Durante los momentos más intensos de la crisis, el destacamento recibió orden de proteger a las mujeres y colocarlas en puntos menos sensibles. Pero ellas se negaron. Solo faltaron de la puerta cuando les tocaba librar: «Cuando no las vieron, algunos pensaron que habíamos claudicado, que las retirábamos de la primera línea, pero no. Han seguido hasta el final», relata un jefe de destacamento. El representante del SUP en Melilla, Julián Millán, lo confirma: «Pensaban que estaban atacando al eslabón más débil y era justamente lo contrario».

Lo que peor han llevado ha sido la connivencia de la policía marroquí, haciendo patrulla al lado de los incontrolados que les insultaban desde la zona de nadie. En realidad, se trata de dos destinos con un significado muy distinto. Para un policía español, la frontera es, en el mejor de los casos, un puesto como otro. Para un policía alauí, las posibilidades de doblar su sueldo frente al contrabando permanente, son todas.

Esa connivencia de la policía marroquí con los alborotadores es la que reclaman que desaparezca, que no se produzcan aglomeraciones en la zona de seguridad. Solo con preservar esa norma pactada por ambos países, los incidentes de este mes de agosto se habrían evitado en su mayor parte.

Ahora, en pleno ramadán, la tensión se ha esfumado de Beni-Enzar. Sin embargo, la policía sabe que más tarde o más temprano volverá a subir la temperatura y que ellos seguirán expuestos frente a la zona de seguridad. Allí, todavía ondea una bandera de Marruecos de las muchas que se colocaron sobre la valla en los momentos más calientes de la crisis.