La APM critica duramente la gestión del ministro de Justicia y lo descalifica como encargado de reflotar el Estatuo catalán. García considera también un «disparate inmenso» la reforma del recurso de casación anunciada por el Gobierno, porque si «reducimos y adelgazamos las actuales competencias del Tribunal Supremo intentando expropiar buena parte de sus funciones nos encontraremos con resoluciones dispares en cada territorio»
-El Gobierno ha encargado a Francisco Caamaño el rescate del Estatuto catalán en lo que se refiere a la Justicia. ¿Qué tiene que decir a esto?
-Nosotros ya no lo consideramos competente ni para esto ni para nada. Porque fue una de las personas con más protagonismo en la redacción última del Estatuto catalán, que en declaraciones públicas reiteradas hasta la saciedad siempre calificó como plenamente constitucional. Lo que ha ocurrido es que el Tribunal Constitucional le ha enmendado la plana de punta a cabo. En estas condiciones difícilmente se puede depositar la confianza en el ministro que antes nos quería convencer de las bondades constitucionales de lo que el tribunal ha tachado prácticamente en su totalidad y ahora nos querrá vender un rescate legal que dirá también que se acomoda al texto constitucional.
-Pero su crítica a la labor del ministro va mucho más allá.
-Hasta ahora el ministro, más allá de sus proclamas, declaraciones y sus maravillosas presentaciones en power point, no ha hecho nada, cero. ¿Dónde están los registros informáticos que iban a permitir unificar todo el tema judicial? ¿Dónde está la red moderna de comunicaciones integrada, coordinada y perfectamente enlazada entre los órganos judiciales y todos los rincones judiciales del país? ¿Dónde están todas esas maravillosas inversiones en medios, personal y material que se iban a hacer? En ningún sitio, salvo en las proclamas utópicas del ministro, cuya labor hay que calificar de voluntarista. Nos prometió una Justicia del siglo XXI y lo cierto es que, sin exageraciones, desde el punto de vista organizativo y de los medios, es del siglo XIX. Su ejecutoria desde el punto de vista político es de suspenso clamoroso, por no decir muy deficiente.