Reformas sin maquillajes

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Hemos empezado el tobogán de cambios y pasaremos momentos complicados porque sindicatos y otros colectivos se rebelarán

06 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Todo el mundo esperando a que el paro comenzara a contenerse y la economía a insinuar que se movía y, cuando eso parece que llega, nos comunican que a los mercados internacionales, tanto les da. Siguen mirando hacia Grecia y ahora, peor aún, se suma Hungría a la lista de presuntos desfalcos en materia de cuentas públicas adulteradas. Está claro que acaba una época. Hemos crecido a golpe de talonario y de crédito, y los prestamistas exigen la devolución encareciendo por semanas el montante que se debe. Este país internacionalmente ha pasado de ser ejemplo de crecimiento y solvencia a noticia de incertidumbre sobre el pago.

Salir de todo esto nos obliga a mantener un ritmo de reformas profundas e inaplazables para conseguir en seis meses lo que no se hizo en seis años, o en diez. Al fin y al cabo, reformas que ahora deben aplicarse en España ya se hicieron en Francia en el 2003 y en Alemania en el 2004. Aznar, en su momento, no acometió reformas en profundidad, y Zapatero tampoco porque disfrutó de la bonanza y amplió las prestaciones. Mientras, las comunidades autónomas y algunos ayuntamientos, como el de Madrid, acumularon una deuda pavorosa que a ver quién la paga cuando el coste del dinero crece.

Un alto ejecutivo de una caja de ahorros sostiene que la deuda de algunas instituciones, tal como se agravan los pronósticos, cuestionará seriamente algunas biografías y cita la de Alberto Ruiz-Gallardón como ejemplo: «Ha hecho muchas cosas y ha soterrado la M-30, pero ahora hay que pagar eso y cada día es más difícil. Le pasará factura». Reformas en todos los frentes: laboral, del sistema de crédito y en la administración pública. No se cuestiona el sistema de organización autonómica, pero sí los excesos de gasto que se cometen en comunidades, ayuntamientos y Gobierno central. Los funcionarios, el primer colectivo afectado por las decisiones de recorte de salarios, deben valorar bien su situación y entender que hay media sociedad con el empleo incierto y ellos pertenecen a la mitad del empleo seguro. Antonio Beteta, consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid, manifestaba hace unos días: «No puede permitirse que haya un colectivo privilegiado que tenga un salario público garantizado de por vida y una estabilidad en el empleo. Por eso tienen que introducirse sacrificios en ese colectivo en un momento tan difícil». Madrid es la segunda autonomía con más funcionarios, más de 425.000, al sumar empleados de las Administraciones central, autonómica, municipal y universidades, detrás de Andalucía, aunque es cierto que la población andaluza es superior.

Es el país que tenemos y que hemos creado en años de aplazar reformas, de partidos políticos que preferían no significarse y de supuestos líderes que no querían quemarse para no perder votos. Como cuenta una emprendedora aragonesa de la comarca de Los Monegros, al acudir a una ventanilla de Zaragoza a pedir información para constituir una empresa familiar, la funcionaria, ya mayor, le recomendó con insistencia que se pensara bien si no le convenía mejor preparar unas oposiciones.

Revisar la condición «de por vida» de los empleos públicos, algo que ya se considera en algunos ámbitos, pero todavía nadie se atreve a decir, dispararía sin duda la productividad y reduciría la abulia. Lo agradecería la sociedad y también el alto número de funcionarios que se vuelcan en su trabajo y que sienten vocacionalmente la función pública.

Hemos empezado el tobogán de exigidas reformas y pasaremos momentos complicados porque sindicatos y otros colectivos se rebelarán. Pero las reformas habrá que hacerlas con una doble particularidad: sin maquillajes y sin anestesia. Sin maquillajes, porque la tentación de algunos gobiernos de cambiar algo superficialmente para cumplir el expediente no colará. Quien deba supervisarlo lo advertirá y las cuentas públicas apenas reducidas así lo denunciarán.

Y sin anestesia, porque no hay demasiado tiempo para suministrar calmantes. La militancia del PSOE es la que lo pasará peor, porque las reformas pulverizan su discurso. Pero la crisis ha pillado a su partido gobernando y no existe otra salida. Es lo que hay.