La espectacular caída del poderoso barón que se estrelló en el último «escaloncito» del Supremo

E.C. MADRID/LA VOZ.

ESPAÑA

«Faltan uno o dos escaloncitos para que toda esta cuestión tan extraña, tan absurda y estrafalaria haya pasado». Así se expresaba Francisco Camps (Valencia, 1962), Paco para los amigos y militantes del PP, en julio del 2009. No contaba con estamparse al tratar de ascender el que creía sería el último que la faltaba. La caída del poderoso barón que logró dos mayorías absolutas, derrotó a Zaplana en una guerra fratricida y al que se veía incluso con posibilidades de suceder a Rajoy ha sido espectacular. Su carrera se encuentra ahora al borde del abismo.

Sin explicaciones

Su fulgurante trayectoria se vio cortada de raíz cuando se supo que supuestamente había recibido trajes y otras prendas de vestir de su amigo el Bigotes, responsable de Orange Market, la filial valenciana del entramado de Correa, que obtuvo contratos por más de 7,2 millones del Gobierno que aún preside. Su estrategia ha sido replegarse en sí mismo, exhibir una falsa y forzada sonrisa, no dar explicaciones y atribuir su situación a una confabulación de los socialistas en connivencia con jueces, policías y fiscales. Una «cacería despreciable», según su probable sustituta, la alcaldesa Barberá. La ha mantenido hasta ayer mismo.

Creyó que el apoyo mayoritario de los valencianos, su control férreo de la televisión autonómica -que relega sistemáticamente o ni siquiera da las noticias que se refieren al Gürtel-, su más que amistad con De la Rúa y la relativamente baja cuantía de los regalos serían un escudo infranqueable. No ha sido así. Ahora, el horizonte político y judicial del «más honorable de todos los valencianos y de todos los españoles» -Mayor Oreja díxit- es más que preocupante, insostenible. Pero Camps se sigue aferrando al cargo y lo niega todo.