La organización juvenil proetarra se preparaba para aumentar la violencia callejera y captar más terroristas
25 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Golpe sin precedentes a los cachorros de ETA. Cerca de 800 policías y guardias civiles desataron en la madrugada de ayer la mayor redada de la historia contra la cantera de la banda terrorista. En total, 34 dirigentes y activistas de la ilegalizada organización juvenil proetarra Segi (heredera de Jarrai) fueron capturados en dos operaciones desarrolladas de forma simultánea en las tres provincias vascas y Navarra. Todos ellos, según las investigaciones de los servicios de información, tenían como objetivo refundar Segi para aumentar la violencia en las calles y captar y adiestrar a jóvenes militantes para que saltaran a las filas de ETA en el futuro.
La operación, durante la que se llevaron a cabo 92 registros, fue coordinada por el juez Fernando Grande-Marlaska, quien centralizó las diferentes investigaciones abiertas por diversos magistrados de la Audiencia Nacional, entre ellos Baltasar Garzón, que en los últimos dos años había dirigido los golpes policiales a la organización juvenil.
El grueso del operativo recayó sobre la Policía Nacional, que movilizó desde primeras horas de la madrugada a cerca de 650 funcionarios de las brigadas de información de Pamplona, San Sebastián, Vitoria y Bilbao. Según han informado mandos del operativo, siete activistas, cuyas órdenes de detención había firmado Grande-Marlaska, no fueron capturados al no encontrarse en sus domicilios. Entre ellos se encuentra un joven residente en la localidad vizcaína de Lequeitio, que supuestamente era el máximo dirigente de la nueva Segi. Las fuerzas de seguridad ya sabían que otros cinco sospechosos habían huido a Francia hace días, por lo que ni siquiera solicitaron las autorizaciones judiciales de detención.
El objetivo básico de la operación era abortar el intento de Segi de refundarse, después de padecer años de continuos varapalos policiales que han llevado a la organización al borde de la extinción. Interior asegura que los ahora detenidos tenían el propósito de «incrementar el número de militantes» para «acometer las líneas de actuación establecidas por ETA» y, en particular, las órdenes de «endurecer el conflicto« con el aumento de la violencia callejera.
Los servicios de información de la Guardia Civil, que llevan varios meses tras los pasos de los cabecillas de Segi, afirman que esta nueva cúpula estaba especialmente diseñada para blindarse a los golpes policiales y judiciales con un «sistema de desdoblamiento directivo» copiado de ETA: una parte pública visible tras el nombre de la asociación Gazte Indepedentistak (Jóvenes independentistas) y un «núcleo dirigente clandestino», que era el que dirigía la organización, ordenaba los actos de violencia callejera y gestionaba los fondos provenientes, principalmente, de una red de centros juveniles.