El ministro asegura que se limitó a reprochar a los populares que lo acusen sin pruebas de espiar a la oposición
19 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Que la campaña puesta en marcha por el PP para cuestionar el sistema de escuchas de la policía había despertado la indignación del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, era algo evidente. Que su enfado llegara al punto de estar dispuesto a desbordar el marco del debate parlamentario para enzarzarse en una bronca de tú a tú en los pasillos del Congreso, no. En un tono de voz elevado, y visiblemente alterado, reprochó a los diputados populares Esteban González Pons y Carlos Floriano sus insistentes críticas. La discusión acabó convertida en un sainete, pero tras ella hay un asunto muy serio.
El Gobierno reprocha al principal partido de la oposición que ponga en el disparadero el funcionamiento del Estado de derecho para salvar los muebles en el caso Gürtel, en cuya investigación judicial se empleó el Sitel. Los populares alegan que lo único que piden es que se regule el uso de este sistema porque hoy no existen unas normas claras que garanticen la seguridad jurídica y el derecho a la intimidad de los ciudadanos.
Pero el tema es más complejo porque, en el camino, el PP ha ido sembrando dudas sobre la existencia de una operación de espionaje contra dirigentes opositores, orquestada desde el Ministerio del Interior. La cuestión llegó ayer a la sesión de control al Gobierno. El popular Carlos Floriano acusó al Ejecutivo de utilizar un sistema ilegal que «va más allá de las escuchas». Rubalcaba ató cabos y replicó que ya han pasado cinco meses y el PP no ha acudido aún a los tribunales para denunciar de manera efectiva aquello que dijo De Cospedal, y que ayer dejó caer de nuevo el citado diputado. Pero se quedó sin tiempo para rematar su intervención como habría querido.
Caliente, después de que en el hemiciclo los populares hubieran sacado a relucir también los GAL, el ministro se acercó al vicesecretario de Comunicación del PP, que ha hecho del Sitel su principal caballo de batalla, y a Floriano, a quienes se llevó al Salón de los Pasos Perdidos, en busca de un lugar discreto.
Intervención de Bono
Los dirigentes de la oposición aseguran que el ministro «perdió los papeles», tildó a Floriano de «paranoico» y se puso tan agresivo que el presidente del Congreso, José Bono, tuvo que intervenir para que «dejara de amenazarlo», una intervención que otras fuentes minimizan. La amenaza, según el PP, fue decir: «Escucho todo lo que dices, veo todo lo que haces».
Rubalcaba tampoco desmiente que esas palabras salieran de su boca, pero rechaza que en ellas hubiera amenaza alguna. Según su versión, todo empezó al reprochar a los populares que lo acusaran de algo tan grave como espiar a la oposición con un emplazamiento: «O te callas o vas al Supremo». Floriano negó, supuestamente, que él difamara al ministro y este replicó: «Veo y oigo lo que dices», en referencia, conforme a su versión, a las declaraciones del diputado en la radio y la televisión. «Sería una estupidez recriminar al PP por acusar al Gobierno de espiar a sus miembros y al mismo tiempo amenazar a un diputado con escucharlo», dijo.