Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón se reencontraron cara a cara en un par de actos, en los que no pasaron de un gélido intercambio de saludos
07 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El metro madrileño fue objeto en su día de uno de los primeros grandes conflictos entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, pero desde entonces también ha sido testigo privilegiado de las sucesivas reconciliaciones entre presidenta y alcalde, que ayer escenificaron en él su última entente cordiale. Como si de un estreno de teatro se tratase, el reencuentro en un acto público entre los dos líderes del PP en Madrid tras la enconada batalla que han mantenido en las dos últimas semanas -con sus lugartenientes de por medio- por el control de Caja Madrid, congregó a decenas de periodistas y reporteros gráficos, entre los que hubo hasta golpes por captar la instantánea de este serial inagotable.
Con el nuevo intercambiador de la plaza de Castilla de escenario se abrió el telón a las once de la mañana y el alcalde buscó a la presidenta, que había hecho su aparición unos minutos antes, le dio un toque de llamada en la espalda y, a continuación, un solo y frío beso en la mejilla. Después, solo la presión de los informadores para captar una imagen de los dos juntos y tratar de recabar sus impresiones sobre el reencuentro logró que Aguirre y Gallardón comenzaran a caminar juntos, aunque con muestras de cierta distancia, por el intercambiador.
Aguirre vestía en este primer acto del día unos elevadísimos tacones -la frase más popular de la presidenta en este conflicto ha sido «cuando llevo zapato plano no hago declaraciones»- , pero a pesar de ello ambos rehusaron responder a preguntas como: «¿Les sienta bien enterrar el hacha de guerra?». Después tomaron la palabra para informar sobre el nuevo intercambiador, y Gallardón se dirigió a Aguirre como «querida Esperanza» y esta lo saludó desde el micrófono como «excelentísimo señor alcalde de Madrid».
El segundo acto entre ambos tuvo un testigo de excepción, el ministro de Fomento, José Blanco, con el que visitaron las obras del tren de cercanías que unirá la estación de Chamartín con el aeropuerto de Barajas. La última en llegar fue Aguirre, que saludó con sendos besos al alcalde y al ministro, e inició con ellos un recorrido por el túnel en el que el titular de Fomento estuvo en todo momento situado entre ambos y siempre departiendo con uno u otro, raramente en una conversación conjunta.
Luego llegaron las intervenciones y el alcalde comenzó la suya ironizando sobre la nutrida presencia de medios: «No solo ha venido la prensa de Madrid, los medios nacionales y los especializados, es que ha venido hasta la prensa del corazón, y eso es algo que nos tiene que llenar de satisfacción».
A continuación habló la presidenta, que en este acto calzaba zapato plano y que en su discurso repitió en varias ocasiones: «Como ya ha dicho muy bien el alcalde...».
Sin embargo, no fue hasta que se puso ante el micrófono el ministro de Fomento y los dos líderes del PP se quedaron solos a un lado del escenario cuando tuvieron intimidad y se les vio intercambiar confidencias de contenido desconocido y alguna sonrisa que dejaba intuir que esta función no ha acabado.