Los aznaristas siguen disputando la sucesión a Rajoy, cuyo liderazgo está en crisis tras el cierre en falso del congreso de Valencia
01 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.José María Aznar dejó la política activa y el liderazgo del PP, pero los aznaristas no le siguieron en su renuncia y la agonía de aquella etapa todavía hoy sacude los cimientos del partido. Cuando el presidente del PP y del Gobierno, en el 2002, nombró vicepresidente a Mariano Rajoy puso en marcha una carrera por su sucesión que todavía no ha terminado. Siete años después, los dirigentes de la misma generación política siguen enfangados en una lucha por el poder que el actual líder no logró resolver en el traumático congreso de su reelección, celebrado en julio del 2008 en Valencia.
La prueba de que aquel cónclave -en el que Rajoy obtuvo más del 80% de los votos- se cerró en falso con las disputas internas y las permanentes discusiones y dudas sobre su liderazgo que amenazan con provocar el desmoronamiento del partido.
Javier Arenas fue el primer dirigente que se adelantó a todos los de su promoción política y anunció que se marcharía con Aznar, en un gesto que, a su juicio, debería imitar el resto de dirigentes populares de su generación. Curiosamente, el político andaluz es el que todavía permanece en la cúpula del partido y, aunque tenga un puesto en la dirección de carácter secundario, a nadie se le oculta que su influencia es decisiva en la gestión de Rajoy, actuando siempre entre bambalinas.
El panorama que dibujan las disputas internas que zarandean al PP en estos momentos rememora la imagen de división y desgobierno que los populares ofrecieron en vísperas del congreso de Valencia.
La mala noticia es que la situación es todavía más grave aunque los protagonistas son los mismos y, curiosamente, los nombres que circulan no difieren mucho de los que hace más de cinco años evolucionaban en la primera línea del PP aznarista. Rajoy, Aguirre, Gallardón, Rato, Arenas, Juan Costa, Camps... Nada nuevo bajo el sol.
Relevo generacional
Ni la derrota electoral del 2004 ni el segundo fracaso del 2008 fueron capaces de provocar la renovación generacional y tampoco la necesaria modernización de las estructuras organizativas del partido. Mariano Rajoy consiguió ganar el congreso de julio del 2008 y propinar un importante revolcón a Esperanza Aguirre, al mismo tiempo que desarbolaba cualquier operación alternativa que ni siquiera pudo confirmar el único aspirante alternativo posible, el ex ministro Juan Costa.
Actuó como perro viejo que es, experto en las triquiñuelas del aparato del partido, y logró apalancar los votos a través de una eficaz recopilación de los avales a su candidatura. Pero aquella fue una batalla pírrica, dejó heridas sin cerrar y asuntos pendientes entre poderosos dirigentes enfrentados.
Que las luchas cainitas resucitaran era cuestión de tiempo y oportunidades. El caso Gürtel y el control de Caja Madrid fueron dos muy buenas ocasiones para que al líder se le pusiera el partido patas arriba.