«Es muy difícil que la amistad entre Camps y Rajoy se dañe». La frase la ha pronunciado recientemente el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons. El comentario tiene muchas aristas, y más conociendo la tensa relación que mantienen el presidente valenciano y el que fue su portavoz en el Parlamento de esa comunidad y que actualmente es uno de los escuderos más fieles de Rajoy.
Al hablar de una amistad personal entre ambos dirigentes, González Pons está dando a entender que la sorprendente confianza que el líder del PP está depositando en Camps se basa más en una cuestión de amistad que en el convencimiento de su inocencia. Pero el mensaje está dirigido también al propio Camps, al que se le avisa de que una cosa es la amistad y otra la política. Es decir, que Rajoy avisa al presidente valenciano de que su supuesta amistad se mantendrá siempre, pero que si políticamente resulta implicado y es inevitable prescindir de él no le temblará el pulso.
De hecho, esa relación de amistad no es tal, sino que se trata más bien de una asociación de intereses. El apoyo de Camps fue fundamental para que Rajoy mantuviera el control del partido en el último congreso nacional. Y el respaldo del líder popular ha sido un aval permanente para el presidente valenciano cuando arreciaban las críticas contra él en el PP tras la revelación de sus relaciones con Francisco Correa y Álvaro Pérez, el Bigotes. El apoyo público a Camps se mantendrá mientras sea el candidato oficial en Valencia, pero cesará el mismo día en el que se consume su relevo, si eso llega a ocurrir.