El PP pretende el adelanto de las elecciones, con la idea de que las ganará si son en plena crisis, mientras que el PSOE trata de resistir hasta que la economía remonte
09 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No hay cena de verano con algún político o periodista de por medio sin dos asuntos sobre la mesa: la fusión de cajas de ahorros que espolea el Banco de España y la previsión electoral del 2012, siempre que Zapatero aguante. El PP sueña con que se adelanten las elecciones para celebrarlas en plena crisis, pero, por la misma razón, el Gobierno se dispone a atrincherarse y resistir. Hoy por hoy, nadie se atreve a pronosticar quién gobernará España en la próxima legislatura.
Como julio terminó con un adelanto del PP en las encuestas, hay quien da por hecho que Rajoy presidirá el próximo Gobierno, dado que ha comenzado la tendencia descendente del PSOE. Esa tendencia puede dar a los socialistas la pérdida de varias ciudades importantes, alguna diputación provincial y acaso una o dos comunidades autónomas en mayo del 2011. Incluso algún dirigente socialista confirma la geografía de sus dificultades: A Coruña, Sevilla, Las Palmas, incluso Barcelona, y quien sabe si Asturias. Pero aun así, nadie se atreve a asegurar que un año después Zapatero perderá. «Podemos recuperar -afirma un ministro-, pero dependerá de muchas cosas, entre ellas de la crisis económica».
Los políticos solo miran los indicadores económicos y a ellos se encomiendan como si los ciudadanos no valoraran otras cosas, por ejemplo la confianza que merecen. Puede haber crisis, pero en vez de ofrecer alternativas los partidos prefieren enzarzarse en pequeñas trifulcas que poca credibilidad les genera. Es el caso del Parlamento valenciano entorpeciendo desde hace tres meses la elección de Leire Pajín por la comunidad autónoma.
Conflictos indeseados
La propuesta del PP local de llamarla a declarar para comprobar su «compromiso valenciano» es una opereta que puede acarrear conflictos institucionales indeseados. O las declaraciones de Rajoy en el vídeo de despedida antes de las vacaciones en las que afirmaba que la política económica de Zapatero puede llevar a España a un corralito. Zapatero compareció tarde a la cita con la crisis y se empeñó en negarla cuando era bien visible, pero no está haciendo cosas muy distintas de las que hace Angela Merkel en Alemania o Sarkozy en Francia. Quienes saben lo que fue el drama del corralito en Argentina no pueden admirar a Rajoy por su comparación, sino esperar del líder de la oposición ideas para un programa de recuperación económica que iluminen al desorientado Gobierno.
Otros políticos, sin embargo, tratan de lanzar mensajes a la ciudadanía en busca de credibilidad, por la vía de alejarse del sectarismo. Un par de ejemplos: Alberto Núñez Feijoo, presidente de Galicia, y José Blanco, ministro de Fomento y vicesecretario general socialista. El presidente gallego reunió hace poco en Santiago a sus antecesores para imponerles la mayor condecoración que puede conceder la comunidad. Allí estaban Gerardo Fernández Albor, González Laxe, Manuel Fraga y Emilio Pérez Touriño. Por suerte, dos populares y dos socialistas. Podría haberlo hecho cualquiera de sus antecesores, pero lo ha hecho él.
Fraga, desatendido por su partido al dejar el poder hasta el punto de que vivía en un piso prestado por un ex conselleiro, no le concedió al líder de la oposición de entonces, Touriño, ni un coche oficial. Touriño tuvo otros gestos, como el de crear el estatuto del ex presidente de la Xunta, pero sin duda Núñez Feijoo ofrece signos más evidentes de que quiere ganar reconocimiento y terreno electoral entre simpatizantes de otras formaciones. Recientemente comentábamos en esta crónica gestos muy significativos del lendakari Patxi López en esa dirección al nombrar profesionales independientes, pero de sensibilidad nacionalista, en puestos clave de la Administración vasca.
Por su parte, José Blanco ha protagonizado una de las transformaciones de imagen más llamativas de los últimos tiempos. De látigo del PSOE a ministro eficaz que desbloquea más de un asunto por semana y dialoga con todos, en tres meses escasos. Por dialogar, hasta se reunió con Francisco Camps en la semana de pasión judicial por los trajes de regalo de la trama Orange Market. Un colaborador de Camps confirma el agradecimiento a Blanco del presidente valenciano por aquel oxígeno mediático que le suministró.
Llamada de Blanco
Ahora ha trascendido la llamada de Blanco a Francisco Álvarez Cascos, ex ministro de Fomento, para el tradicional cuadro de los ex ministros, detalle que Magdalena Álvarez olvidó. Es más: por orden del ministro actual no se colgará en los pasillos del ministerio el retrato de Madgalena hasta que allí se exponga el de Álvarez Cascos. Son pequeñas reparaciones, pero que marcan un estilo.
Cuando llegue la gran cita electoral, los ciudadanos tendrán una impresión consolidada de amplia extracción. Si solo se tratara de comprobar el estado de la economía para decidir el voto, la política sería cuestión de números y los pronósticos los harían los contables. Pero sin negar la importancia de la superación de la crisis, el estilo, las formas, las miserias, los impactos emocionales y tantos elementos que van conformando la credibilidad y la generación de confianza, los ciudadanos valorarán la trayectoria y el esfuerzo de los candidatos por abrirse a la sociedad e identificarse con sus problemas.
Hay grandes decisiones, grandes gestos y pequeños detalles. Como sostiene un periodista gallego que estaba el otro día en los toros en Pontevedra, «cuando las peñas le cantaron a Blanco lo de ''Pepiño, ponnos el AVE'' en plan simpático, seguro que valoraron el haberlo visto haciendo cola para entrar y que no se sentó en el palco de honor». El ministro se levantó para saludar y se llevó un ovación que acabó desconcertando al torero.