Muchos dirigentes del PP están hartos del caso Gürtel porque no entienden la quietud de su líder, que parece no aprovechar el viento a favor en su travesía hacia el poder
12 jul 2009 . Actualizado a las 02:11 h.De seguir las cosas así, Mariano Rajoy acabará escribiendo un tratado titulado Cómo es posible no ser feliz con tanto . Pocos líderes de la oposición han tenido mejor las cosas en su travesía hacia el poder. Derrotó a sus críticos hace un año en Valencia. Su partido ganó las elecciones en Galicia y fue decisivo para la formación de Gobierno en el País Vasco. Venció en las recientes elecciones europeas y tiene excelentes perspectivas en las próximas municipales y autonómicas en las que espera recuperar el gobierno de Castilla-La Mancha, gracias al inmenso trabajo de María Dolores Cospedal, y quién sabe si también los de Asturias, Baleares y Aragón, más por errores ajenos que por méritos propios. Y también las alcaldías de Sevilla, A Coruña, Toledo y media docena más de capitales.
Con esas perspectivas y con la crisis económica que sigue sin despejarse, cualquiera disfrutaría esperando la llegada del porvenir que le sonríe. Pero no es así, sino lo contrario, porque en cada estación de su recorrido hacia el poder hay una batería de preguntas que le esperan sobre la presunta corrupción del caso Gürtel, la suerte de su tesorero Luis Bárcenas y los trajes -y las mentiras, que es peor-de Francisco Camps. ¡Cómo sería la vida de Mariano Rajoy y de los principales dirigentes populares sin ese calvario!
«Estamos hartos de esto» es el resumen que hacen esos dirigentes cuando se les pregunta. En el PP, por orden de Mariano, no se toman decisiones y se espera que los hechos conduzcan por sí solos hacia una salida de cada caso.
El problema es que algunos de esos asuntos se complican. En las últimas horas, por ejemplo, se ha sabido que el ex número dos de Camps, el ex presidente del Gobierno valenciano Víctor Campos, cambia de estrategia y admite que sí recibió regalos. Al fin y al cabo, el sastre más famoso de España lo visitó en su despacho para tomarle medidas, acompañado por Álvaro Pérez, el Bigotes, y resultará más fácil reconocer que no pagó la ropa, aunque le cueste una multa, que el lío de seguir mintiendo.
El asunto es muy relevante, aunque Campos ya se retiró de la política, o lo retiraron, porque deja aún más en evidencia a Camps, Costa y los que siguen empeñados en que pagaron los trajes de su bolsillo sin que logren acreditar cómo.
El problema de Camps ya no son los regalos. Lo grave es que mintió en los autos judiciales y ante las Cortes valencianas. Quizás los valencianos se lo perdonen, como se ha visto en las europeas, pero si tenía aspiraciones de suceder en su día a Rajoy puede despedirse de ellas.
Pero esta semana también ha ido a peor el caso de Luis Bárcenas, antiguo gerente y hoy tesorero y senador del PP, el hombre que sabe los secretos de las cuentas del partido desde que Fraga presidió Alianza Popular. Durante semanas ha estado desaparecido, pero a través de algún periodista amigo ha mandado el mensaje de que resistirá y que solo cesará cuando el juez del Supremo pida al Senado el suplicatorio para imputarlo en el caso Gürtel. Así que quienes en el PP declaran estar hartos -y con razón- deben armarse de paciencia porque el nubarrón Bárcenas no se despeja. Y por lo que se ve, el de Camps se pone aún más oscuro.
Algunos en Madrid atribuyen la combatividad de Bárcenas a los consejos del antiguo secretario general y amigo suyo, Francisco Álvarez Cascos, que cada vez que reaparece inquieta a Rajoy. Álvarez Cascos, que sigue ahí, como Aznar, podría ser el candidato del PP para recuperar el Gobierno del Principado de Asturias. Algunos diputados socialistas dan por hecho que encabezará la candidatura de un partido que allí está seriamente dividido. Lo mismo que en Aragón, otra comunidad con el PP muy dividido, donde se ha optado por María Fernanda Rudi para tapar la fragmentación.
Entretanto, Zapatero, que tiene cada vez más descoordinado al Gobierno y a su grupo parlamentario, viaja entre la Champions del G-20 y la Unión Europea y sus compromisos en la Liga española. Ganar tres puntos ante Montilla y empatar en Andalucía es importante, pero en Extremadura, Baleares, Asturias, Aragón y otros campos puede poner en riesgo su liderazgo. Y el título.