Antena 3 no regaló su cuota de pantalla a sus competidoras en el prime time del lunes. Redujo a solo 45 minutos el segundo y último debate entre López Aguilar y Mayor Oreja. Otra vez, el cara a cara fue una ceremonia de confusión del electorado, pero los dos candidatos estuvieron más sueltos, ayudados por un formato de reparto de tiempos muy cortos. El de anoche fue un debate menos tostón que el primero. Hubo réplicas entre los dos políticos ?por cierto, también mejor maquillados que hace una semana en TVE? y hubo un halo de tensión que faltó en el anterior.
El socialista López Aguilar llegaba más estresado al plató. Estaba más necesitado de una victoria clara para remontar en las encuestas. Tenía que abatir a la primera a Mayor Oreja, a quien se le concedió en la opinión publicada la victoria en el anterior. Según Rajoy, hace una semana Oreja le había dado una «malleira». Lo dijo en un mitin fuera de Galicia y, claro, no le entendieron: «Le cascó», tradujo al momento.
Anoche hubo una frase, en mi opinión, determinante: «¡Yo ya no ambiciono poder alguno!». Sintetiza la estrategia televisiva de Oreja: endulzar sus tremebundas aristas ideológicas para presentarse como un hombre honorable; un político maduro que conoce las instituciones de la UE mejor que su rival ?pilló a López Aguilar en un par de renuncios sobre fondos de cohesión?.
El candidato socialista se defendió y atacó mejor que hace una semana, pero ese hombre honorable con corbata roja y pelo blanco que tenía enfrente sigue siendo un viejo zorro que golpea siempre en la espinilla: el PSOE impone un modelo de sociedad porque se cree con superioridad moral, le dijo a Zapatero a través de López Aguilar. «Le cascó», porque el objetivo de Oreja en los 45 minutos de programa era atraer a indecisos o a votantes del PP a los que les espantan tanto los rasgos fundamentalistas del candidato popular como el esnobismo moral de Zapatero. Su estrategia televisiva de hombre honorable se impuso a la incolora de López Aguilar.