Regreso agridulce del purgatorio

ESPAÑA

Medio centenar de militares de la Brilat vuelven de Afganistán con la satisfacción del deber cumplido, pero con la pena de haber perdido a dos compañeros

01 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Esta sí es la última pancarta de la OMLT IV. Ahora ya estáis en casa. Levantad esas caras y estad orgullosos del deber cumplido. Vuestras familias que os quieren». La leyenda, estampada en una sábana de dos metros, daba ayer tarde la bienvenida a los soldados de la Brilat que formaron parte, durante seis largos meses, de las fuerzas españolas desplegadas en Afganistán.

La sala de llegadas B del aeropuerto de Lavacolla fue, a partir de las seis de la tarde, un hervidero de emociones. Tocaba recibir a los que se fueron el 26 de octubre a un destino demasiado complicado, a un mundo que no gira a la misma velocidad que la tierra que pisan los familiares que se quedaron. Bajo el panel que anuncia las llegadas, José, el hijo de tres años del teniente coronel José Luis Sueiras, al mando de la misión, corría, rubito y nervioso, vestido de camuflaje y aireando una bandera de España para darle la bienvenida a papá. Eva, su madre, conseguía con dificultad sujetarle en la cabeza un gorro afgano que Sueiras le envió al chaval como quien factura un pedazo de su propio corazón.

«¿Eso qué es?», preguntaba José mirando a la grabadora. Eva dice que, después de seis meses, el sentimiento ya es casi desesperado. «Ha sido muy duro, piensa que nada más llegar hubo las dos bajas, y eso fue un mazazo para todos -explica-, quedaba mucha misión por delante y lo hemos vivido con mucho miedo, tirando de la familia, nosotras solas». Y sabiendo que estaban «en una guerra», en un lugar donde uno depende de todos y del chaleco antibalas.

Pasa de las ocho cuando se abren las puertas automáticas y, por fin, hombres y mujeres mimetizados pasan la página del álbum afgano para abrir el capítulo del reencuentro; y uno se siente fuera de lugar invadiendo en nombre de la información el territorio privado de la intimidad.

El recuerdo, muy presente, a los que cayeron en el terrible atentado ocupa las primeras palabras del teniente coronel Sueiras, al que su hijo José se agarra tan fuerte que no habría forma humana de separarlos. Sueiras reconoce que fueron «seis meses muy duros, pero con la satisfacción de que hemos hecho un trabajo magnífico, de que hemos dejado el pabellón de España muy alto, muy orgullosos de lo que hemos hecho». El teniente coronel dice que, de tener que poner una nota a la misión, sería una nota muy alta.

La periodista de Antena 3 le pregunta si calificar el lugar de donde vienen de infierno «sería mucho».

-Creo que infierno no, porque en el infierno no vive nadie. Allí hay seres humanos que viven como nosotros; vamos a llamarle purgatorio.

Y concluye diciendo que, junto con los propios afganos, la fuerza multinacional está haciendo «un trabajo muy importante, porque estamos dando seguridad a sitios en los que antes no había nada, ni siquiera esperanza».

-¿Y la situación es grave?

-No diría grave. Es una situación que se ha ido enquistando durante años y ahora cuesta trabajo llevarlos otra vez a donde todos queremos que estén. Pero ellos son los primeros que quieren tener educación, agua, luz eléctrica... los primeros que quieren progreso.