Las puntas del iceberg del espionaje

ESPAÑA

La vigilancia a los marianistas Prada y Cobo, y a González, mano derecha de Aguirre, revela una fuerte lucha por el poder político y económico que dura al menos tres años

01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Calle Génova, sede nacional del PP, año 2006. Mariano Rajoy tiene conocimiento de la existencia de sendos dosieres comprometedores sobre los dos hombres de la máxima confianza de Esperanza Aguirre, Ignacio González y Francisco Granados. Los informes están en poder del tesorero del partido, el veterano Álvaro Lapuerta.

El líder del PP llama a la presidenta madrileña para contárselo, pero el peliagudo asunto se queda en nada. Entonces las relaciones entre ambos son buenas y se echa tierra sobre el tema. Aguirre lo destapa esta semana para dejar constancia de que Rajoy conocía la trama que ahora ha explotado desde hacía tres años y se quedó de brazos cruzados.

Abril-mayo del 2008. El vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, mano derecha de Alberto Ruiz- Gallardón, y Alfredo Prada, ex vicepresidente de la Comunidad, son objeto de seguimientos, que quedan registrados en diferentes partes. Ambos son espiados durante los meses previos al congreso del PP en Valencia, en pleno desafío de Aguirre al liderazgo de Rajoy.

Prada es el único miembro del Gobierno regional que ha dado públicamente su apoyo al gallego. Rajoy gana el congreso y, unos días después, Aguirre destituye a Prada, pero el revalidado presidente popular lo ficha para su equipo.

En uno de los partes elaborados por los agentes sobre el seguimiento a Prada se alude a «nuestro director [Sergio]», es decir, a Sergio Gamón, entonces director general de Seguridad de la Consejería de Interior que dirige Francisco Granados. Para complicar más el asunto, Gamón es un hombre que respondía directamente ante Ignacio González y no daba cuentas a su superior jerárquico inmediato, Granados. Este, por su parte, había contratado en septiembre del 2007, por tanto antes de los seguimientos, a tres ex guardias civiles como asesores de seguridad. Sin embargo, el fichaje de su jefe, Marcos Peña, fue posterior, en junio del 2008. Las relaciones entre el vicepresidente y el consejero son tensas.

Control de los movimientos

El hecho de que los espiados sean dos conspicuos marianistas, y de que se llevara a cabo en plena lucha de poder precongresual, abonaría la hipótesis de que el objetivo era controlar sus movimientos políticos. Los indicios avalan que los seguimientos partieron del aparato de seguridad de la Consejería de Interior. ¿Pero quién los ordenó? Paralelamente, Ignacio González era espiado en dos viajes al extranjero, uno privado a Sudáfrica, en marzo del 2008, y otro, en calidad de presidente del Canal de Isabel II, a Cartagena de Indias, en agosto. El método es mucho más sofisticado, se emplean cámaras ocultas y los espías obtienen copias de los billetes de avión de González y de su esposa a Johannesburgo.

El dosier que se elabora afirma que Enrique Sánchez, propietario de la empresa de seguridad Segurisa, que viajó también junto a su mujer, pagó los 8.000 euros que costaron los billetes, como regalo por los contratos públicos que le había otorgado la Comunidad. González dijo que los había pagado él «en metálico» y que no había adjudicado nada a Sánchez.

Pero el Canal que preside sí había otorgado un contrato por 33 millones a Segurisa. En el verano del 2008 la guerra entre Aguirre y Gallardón por el control de Caja Madrid es notoria, y González era el tapado de la presidenta para sustituir a Blesa.

Adjudicaciones sospechosas

Uno de los informes sobre González, el que circuló por Génova, da cuenta con detalle de una serie de adjudicaciones sospechosas a las que el vicepresidente dio el visto bueno. Su segundo en el Canal, Ildefonso de Miguel, también fue espiado, y se elaboró un informe en el que se destacan sus cuantiosas propiedades.

El objetivo de derribar a la mano derecha de Esperanza Aguirre, acusándola de corrupción, es evidente. El todopoderoso vicepresidente tiene muchos enemigos y no dudó en criticar abiertamente a Rajoy antes del congreso de Valencia. Cobrarse su pieza es apuntar al corazón de la lideresa.