Un centenar de jóvenes formados cada año convierten a la Península en la principal base europea de reclutamiento y adoctrinamiento de terroristas islamistas
04 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Desde los atentados del 11 de marzo del 2004, más de 400 personas vinculadas, de una u otra manera, con el terrorismo internacional de inspiración yihadista han sido detenidas en España. Esta fuerte presión judicial y policial ha servido para abortar proyectos de nuevos atentados en nuestro país, pero no ha logrado impedir que España se mantenga como la principal base logística de Europa para la captación y adoctrinamiento de nuevos terroristas con destino a Irak, Afganistán y otros puntos calientes del globo.
Obviamente, no existen cifras oficiales, pero las estimaciones más realistas reflejan que son más de un centenar los jóvenes reclutados y formados en España que han viajado a Irak para sumarse a la resistencia.
La mayoría han muerto como terroristas suicidas o en acciones de combate. Algunos están detenidos en Irak o en cárceles clandestinas. De los supervivientes, unos pocos regresaron a España y sirven de ejemplo y referente para la captación de nuevos combatientes, reviviendo así el fenómeno de los muyahidines que combatieron contra los soviéticos en Afganistán y luego se convirtieron en la semilla que propagó por el mundo la yihad (lucha espiritual en el camino hacia Dios, según el significado coránico tradicional, que en las acepciones más radicales se interpreta como guerra santa).
Cataluña y, en menor medida, Madrid, la región levantina y Ceuta son los grandes viveros del yihadismo en España. Según estimaciones de los expertos en la lucha contra este tipo de terrorismo, el goteo de jóvenes musulmanes nacidos en España, pero la gran mayoría de origen magrebí, que abandonan el país para cometer ataques suicidas en Irak o recibir entrenamiento terrorista en Afganistán, Bangladés, Pakistán, Yemen y Somalia, es constante. Solo en Cataluña, cada año unos 40 jóvenes desaparecen de los entornos radicales en los que se mueven habitualmente y muchos de ellos son detectados más tarde en Irak o en ruta hacia países donde hay campos de entrenamiento.
Explican los expertos que aunque son muchos los que aspiran a sumarse a la lucha de Al Qaida, no todos están predispuestos al suicidio. Eso aumenta las necesidades de reclutamiento. Algunos jóvenes que quieren sumarse a la yihad se niegan a ir a Irak porque saben que allí, en la mayoría de los casos, su destino es ser kamikaze. Según las mismas fuentes, los reticentes al suicidio son enviados a campos de entrenamiento «a hacer la mili». Allí los instruyen en el islam más radical y reciben entrenamiento sobre explosivos, formación y financiación de células.
La captación
Según los expertos, los jóvenes voluntarios, la mayoría con problemas de marginación y desarraigo, son captados por individuos pertenecientes a células radicales, la mayoría salafistas venidos de Francia y de Bélgica, que funcionan de forma itinerante por toda España.
El abordaje puede producirse durante clases religiosas en mezquitas y oratorios, aunque también en cafeterías y en plena calle. A esos jóvenes se los convoca en pisos, en trastiendas de carnicerías o de locutorios, donde a media noche o de madrugada esos reclutadores dan charlas sobre la yihad. Uno de esos pisos emblemáticos era Al Kalaa ( la fortaleza del combatiente ), en Santa Coloma, desmantelado en la operación Tigris.
La otra vía de reclutamiento es Internet, donde jóvenes que se han radicalizado por sí mismos visitan foros, chats y webs radicales y allí son contactados por redes de captación que primero les piden una ayuda económica y después les ofrecen la posibilidad de ir a Irak.
A Siria por Ceuta y Málaga
Los elegidos abandonan los estudios y se les ofrece un empleo generalmente en empresas de la construcción propiedad de marroquíes. En esas empresas continúa la labor de adoctrinamiento. Cuando la red considera que el joven está listo, gestiona su traslado a Irak o a un campo de entrenamiento.
Una de las principales vías por las que se envía a jóvenes voluntarios a Irak la gestionan células extremistas paquistaníes que operan en Ceuta y Melilla. Allí los paquistaníes les consiguen billetes de avión desde el aeropuerto de Málaga, vía Londres o París, hasta el punto de destino.
La financiación de esos traslados se consigue gracias al tráfico de hachís procedente de Marruecos y al dinero negro obtenido con actividades empresariales como la construcción, los servicios informáticos y la falsificación de ropa y relojes.
Esos voluntarios entran en Irak desde Siria, Turquía o Arabia Saudí, una vía, esta última, que se emplea cada vez más. El reclutamiento lo coordinan desde Siria dos terroristas marroquíes: Mohsin Jayber, alias Abdelmajid el Libio, y Abdelmajid Al Yaser.