Tras los discursos oficiales sobre la Constitución, la situación económica dominó las conversaciones en la recepción oficial
07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La Constitución dominó en los discursos y la crisis en los corrillos del Congreso. Con las ausencias nacionalistas previstas -el diputado convergente Jané y Miquel Roca, redactor de la Carta Magna, eran excepciones- y los ex presidentes González y Aznar en paradero desconocido, el acto del Congreso fue emotivo y revelador. José Bono, presidente, y el rey Juan Carlos pronunciaron discursos brillantes y comprometidos con la Constitución, que «no corre prisa reformar», según Zapatero. Pero en cuanto se abrió el cordón que separaba a Gobierno y parlamentarios de ilustres invitados, la crisis dominó las conversaciones, salvo en un reducto de autoridades que daban vueltas a cómo echar a ANV de los ayuntamientos.
Montilla, presidente catalán, se fue pronto porque viajaba a Japón. En tres días se entrevistará con el príncipe heredero, ministros del Gobierno japonés y presidentes de compañías japonesas inversoras en Cataluña. Quiere frenar la desinversión y por eso viajó a París y a Alemania. «El paro nos golpea, pero no solo en la construcción, como a otros, sino sobre todo en el empleo industrial», comentaba. Cierto: la industria cayó casi un 13% en octubre, entre otras cosas porque la venta de automóviles ha caído en picado y el Banco de España confirma que la economía española ha entrado en recesión. La Europa de los 15 está ya, técnicamente en recesión.
Guillermo Fernández Vara, presidente extremeño, confesaba que teme por las cuentas públicas. «Le dije a Zapatero el otro día que temo por las reservas del Estado para pagar el seguro de desempleo, la sanidad y todo lo esencial en momentos tan delicados».
La crisis asusta a todos porque el propio Celestino Corbacho, justo cuando se coronan los tres millones de parados, declara: «Espero no llegar a cuatro millones». La sensación es que el Gobierno ahora actúa, aunque sus propuestas no resulten de momento eficaces. Lo grave fue el retraso en el arranque, tal y como advierte el ex presidente del FMI Rodrigo Rato: «Lo más caro ante una crisis es esperar».
Y Nicolas Sarkozy ha confiado a la prensa francesa, que se apresuró a publicarla, una confidencia de Zapatero: «En el acierto para afrontar la crisis me juego la continuidad en la Presidencia». Revelador.
Atentos a Ana Mato
En el Congreso estaba Ana Mato, vicesecretaria de Organización del PP, a quien Rajoy presentó esta semana como persona «flexible y con sentido del humor, como bien saben los que tienen sentido del humor». Mato advirtió el miércoles en Madrid: «En Galicia vamos a por todas porque tenemos buen candidato, Alberto Núñez Feijoo, y la gente está cansada del bipartito». En el PSOE preocupa la posibilidad de que el BNG suba algo y el PSdeG baje.
Pero Ana Mato, sobre todo, defendió a Jaime Mayor Oreja, casi proponiéndolo como cabeza de lista en las europeas de mayo del 2009, comicios que el PP espera ganar. El PSOE admite que lo tiene difícil, no solo por la crisis, sino por la reticencia de su electorado a participar, salvo en momentos decisivos. La apuesta socialista para el cartel es el ex ministro Juan Fernando López Aguilar, al que repatriarán de Canarias. Le pasó allí lo que al PP en otros territorios, como Galicia: que gana en votos y diputados, pero una coalición con los nacionalistas le impide gobernar.
El PP pensó en Ruiz-Gallardón para el cartel, siendo compatible, como es, la condición de eurodiputado y alcalde, pero esa posibilidad desataría la guerra en el PP.
La virtud de la conferencia de Ana Mato es que reunió a todas las sensibilidades del PP, con lo que se presentó ante los suyos no como la chica joven del Gobierno de Aznar que fue en su día, ni como la «encargada de las calderas del partido», como dijo Rajoy, sino como un referente para tanta familia dispersa. Su capacidad de convocatoria reta, aunque no se lo propusiera, a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, a mostrar su poderío en un acto superior o al menos similar. Así, al menos, lo leyeron algunos de los asistentes. No hay respiro.