El origen de la crisis entre el PP y UPN está en la llegada de Miguel Sanz a la presidencia de Navarra, que obtuvo gracias a la abstención del PSN. Eso lo mantiene en permanente amenaza de moción de censura. Pero la causa real está en la partida de ajedrez que populares y socialistas juegan desde hace tiempo con el mapa de Navarra como tablero y el nacionalismo como telón de fondo.
La crisis del PSN tras los escándalos de corrupción de los ex presidentes Urralburu y Otano los llevó en 1996 a dejar gobernar en minoría a UPN-PP. Miguel Sanz fue nombrado presidente. UPN ganó luego las elecciones en 1999. Los socialistas navarros intentaron recuperarse planteando una oposición firme a UPN y acercándose a las tesis nacionalistas.
La victoria por mayoría absoluta de Sanz en alianza con el CDN en el 2003 evitó al PSN tener que decidirse a encabezar un Gobierno en coalición con un pujante nacionalismo vasco en Navarra. Pero en el 2007 unos y otros tuvieron que retratarse. El nuevo partido Nafarroa Bai aglutinó todo el voto nacionalista y logró 12 escaños. UPN y CDN se quedaron en 24. El PSN, con 12 diputados estaba en condiciones de gobernar apoyado por Nafarroa Bai e IU (2). Su ejecutiva federal se disponía a hacerlo. Ante ello, el PP y UPN aumentaron la presión pública y acusaron a los socialistas de querer gobernar con «los amigos de ETA». Finalmente, Zapatero cedió a esa presión y forzó al PSN a renunciar a formar Gobierno con Nafarroa Bai y a dejar gobernar en minoría a UPN.
Pero esa decisión se volvió en contra el PP. Sanz es consciente por una parte de que su continuidad depende del PSN y por otra de que solo subsistirá con un discurso propio en clave navarra y sin someterse al PP. UPN solo ha podido aprobar sus Presupuestos gracias al PSN, que ahora le pide reciprocidad en los Presupuestos del Estado bajo amenaza de derribarlo. Zapatero aumentó hábilmente la presión con unos Presupuestos muy favorables para Navarra.
Sanz opta por su supervivencia sabedor de que Rajoy no puede permitirse la ruptura en Navarra y perder así en las generales al menos 6 diputados. Algo que, de consumarse, haría imposible al PP volver al Gobierno en el 2012. Por eso Rajoy apura los plazos antes de romper.