Beatriz Reyes, directiva de Caixa Galicia y segunda superviviente que recibe el alta médica, pide que no se la considere una heroína por haber salvado a dos niños
27 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Soy afortunada, el 20 de agosto he vuelto a nacer». Así se expresaba ayer, tras recibir el alta en el Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes, Beatriz Reyes Ojeda, de 41 años, la canaria que salvó a dos niños y la primera de los 18 supervivientes de la catástrofe aérea que ha ofrecido su testimonio en público sobre la tragedia. Sus sentimientos ambivalentes los condensó de esta forma: «supercontenta» y «muy apenada». «Siento una inmensa alegría porque he vuelto a nacer, y también una inmensa tristeza por todo lo que pasado, porque yo puedo contarlo y otros no, me hubiera gustado que igual que salí yo, saliesen los demás», aseguró muy emocionada.
Esta ejecutiva soltera de alto nivel profesional, responsable del plan de expansión de Caixa Galicia en Canarias, donde ya cuenta con 13 sucursales, no se imaginaba cómo iba a cambiar su vida cuando el pasado miércoles abordó el fatídico vuelo JK5022 con destino a Las Palmas. Beatriz, a la que quienes la conocen definen como «valiente, simpática y natural, una persona que difícilmente se derrumba», regresaba a casa tras haber disfrutado de unas vacaciones en Sudáfrica en compañía de unos amigos. Un avión de la compañía alemana Lufthansa la había llevado desde Johannesburgo a Madrid, vía Fráncfort. En Barajas se despidió de sus compañeros de viaje.
Beatriz llamó a su hermano Carlos para decirle que llegaría a Las Palmas sobre las 16.30 horas, para que fuera a buscarla. Una vez dentro del avión, donde ocupaba un asiento de las filas delanteras, concretamente el 5D, volvió a telefonearle para decirle que iba a sufrir un retraso porque el aparato había dado la vuelta debido a un problema. Desconectó el móvil y esperó el despegue.
Según relató ayer, no detectó más intranquilidad de lo habitual entre los pasajeros que en cualquier otro vuelo. «El ambiente era normal», afirmó. Al despegar, notó que el MD-82 «quizá no iba con tanta velocidad», pero ella, que está acostumbrada a viajar mucho en avión, no le dio importancia, pensó que era una sensación suya. Solo se dio cuenta de que pasaba algo cuando «el avión tira del ala». «Me doy cuenta de que es un accidente porque ha habido un golpe fuerte y el estómago me sube y me baja bruscamente», relató.
Gente gritando
De repente, se vio en el suelo: el avión se había estrellado. «Cuando me levanté se me nubló la vista, respiré hondo y di las gracias a mi angelito de la guarda porque había sobrevivido», contó. Se dio cuenta de que el aparato no tenía techo. «Oía voces, gente gritando, pero me aferré a mí misma, y no recuerdo muy bien qué pasó», continuó. El escenario era dantesco, pero ella estaba viva. Vio que le salía mucha sangre de la pierna y se hizo un torniquete.
No quiere aparecer como una heroína por haber salvado a dos niños que estaban atrapados por los asientos del aparato, a los que ayudó a liberarse y protegió hasta que llegaron las asistencias. «Creo que eso lo hubiera hecho cualquier persona que estuviera en ese momento; cuando me levanto, hay gente que pide ayuda y había unos niños que tenían sillones encima. Lo que hice fue sacarlos y apartarlos para que no estuvieran aprisionados. Sé que se me ha valorado por esta acción, pero todo ser humano habría ayudado a quien se lo pidiese», dijo con modestia. No pudo hacer nada por un hombre que estaba entre un amasijo de hierros.
Pablo, un trabajador de Aena, le cedió el móvil para que telefoneara de nuevo a su hermano, que atendió la la llamada de un número desconocido. «Hola, he tenido un accidente, pero estoy bien», le dijo y colgó. Carlos se puso en contacto con otra hermana, Laura, que acudió a la T-4 de Barajas. Llamaron al móvil de Pablo y este les tranquilizó.
Saberlo todo
«Quiero terminar, saber toda la historia, cerrar este capítulo de mi vida y empezar el siguiente», dijo ayer. «Mañana -por hoy- cojo un avión para mi tierra». A pesar de la tremenda experiencia que ha vivido, no tiene ningún miedo a volar, según dijo a La Voz una persona que la ha acompañado en los días posteriores a la catástrofe. «Estaría bueno que lo tuviera una canaria», dice ella.
En Canarias, de donde son la mayoría de los fallecidos «hay un sentimiento contradictorio, porque están llegando los cuerpos y yo llego caminando». Allí está dispuesta a entrevistarse con los familiares de los muertos para explicarles lo que vivió.
Beatriz no ahorró palabras de agradecimiento para el hospital, donde la pusieron «en maternidad, porque he vuelto a nacer», y se ha sentido mejor que en su propia casa. También mostró su solidaridad con las familias de los fallecidos y los supervivientes. «Ojalá todos podamos sentarnos a tomar unas cañitas», dijo escéptica. Llegó a la rueda de prensa en una silla de ruedas de la que se levantó por su propio pie, aunque con una leve cojera.