Nadie le oyó nunca levantar la voz en público y lleva la sonrisa puesta las 24 horas del día. Pero eso no impide que Zaplana se despida con el marchamo de ser un un duro de la política y uno de los mayores responsables de la crispación. Esa, la de la imagen, es una de las señas de identidad de un político tan obsesionado con su figura pública que hasta sus compañeros dicen de él que se plancha los trajes después de puestos.
Y es que Zaplana sabe desde sus inicios que en política todas las armas son valiosas. Nacido en Cartagena (Murcia) en 1956, se casó en 1980 con Rosa Barceló, hija del magnate del turismo en Benidorm Manuel Barceló, que fue senador del PP. Desde 1977, Zaplana era afiliado a UCD y en 1981, con 25 años, estaba ya en el gabinete técnico del entonces ministro de Transportes, José Luís Álvarez. Pero a Zaplana, además de la política, le gusta el dinero. En una conversación suya con el concejal del Ayuntamiento de Valencia Salvador Palop grabada por la policía, que investigaba al edil y que luego fue anulada como prueba en el caso Naseiro, se escuchaba a Zaplana decir «tengo que ganar mucho dinero, me hace falta mucho dinero para vivir». Su carrera política despega en 1991 al presentarse a la alcaldía de Benidorm. Ganó el PSOE, pero dos meses después un tránsfuga socialista le dio a Zaplana la alcaldía. Desde ese puesto se hizo con el control del PP valenciano y en 1995 se convierte en presidente de la comunidad. La fortuna sonreía a Zaplana y él seguía sonriendo también a todo el mundo. Y haciendo amigos en todos lados, incluido Madrid. Esa ha sido también otra de sus características. Su estilo era entonces dialogante, hasta el punto de que se le consideraba el más centrista del PP. En 1999 fue reelegido presidente por mayoría absoluta. Pero a Zaplana le tiraba Madrid y en el 2002 logró que Aznar le nombrara ministro de Trabajo y luego portavoz del Gobierno. Fiel a su estilo, al contrario que todos sus predecesores, Zaplana no dejaba una pregunta sin responder y compadreaba con la prensa, fuera de la tendencia que fuera. Su transformación en el ogro del PSOE vino con el PP ya en la oposición. Como portavoz alentó la confrontación y defendió las teorías conspirativas sobre el 11-M. Dice Rajoy que eso lo hizo Zaplana por su cuenta y que él no tuvo nada que ver. Ayer dio el portazo.