Quienes le conocen aseguran que el abogado vigués Manuel Núñez Arias es incapaz de centrarse en un único negocio. Dicen que le gusta diversificar, arriesgar y jugar muy fuerte, y con esas armas no es difícil dejar enemigos o agraviados por el camino. Un pequeño grupo de ellos juró un día venganza, y les ha llegado esta semana, la más negra de cuantas ha pasado el curtido letrado detenido el pasado lunes en su casa de A Ramallosa.
El entorno de Núñez no deja de hacer cruces imaginando quiénes serían los que en septiembre del pasado año llamaron y rellamaron desde Vigo a Totana (Murcia) recomendando que buscaran hasta debajo de las piedras posibles fisuras legales en el proyecto urbanístico que el abogado vigués iba a levantar a lo largo de 2,2 millones de metros cuadrados en los que todavía se cultivan lechugas, brécol y berenjenas.
Quien sabe de sus negocios no duda en apuntar como sus principales enemigos a los miembros de una familia para la que Núñez Arias hizo de intermediario en la compra de un gran inmueble del centro de Vigo. La compra se hizo pensando en un notable proyecto urbanístico, pero las normas para la zona no permitieron dicha idea. Los que se sintieron estafados vendieron, pero juraron venganza, y dado el caso que la Fiscalía hizo de las denuncias públicas de Izquierda Unida de Totana, la consiguieron.
Un macrosueño
Con las diligencias que darían lugar a la o peración Tótem parece haberse diluido por completo el gran sueño urbanístico de Manuel Núñez, pese a que su empresa ya ha pagado más de dos millones de euros al Ayuntamiento de Totana y ha abonado a los propietarios de las 40 fincas que necesita una señal de los 70 millones de euros prometidos.
Mucho antes, en la transición de los años sesenta a los setenta, Núñez Arias entraba en los múltiples vericuetos del régimen franquista para ejercer de letrado del sindicato vertical. La experiencia laboral le sirvió para asistir como abogado en numerosas suspensiones de pago y quiebras.
Su negocio creció, y tras representar la marca del bufete de los Garrigues Walker en Vigo, procedió a extenderse a lo largo de los despachos del segundo piso del inmueble número 2 de la calle Manuel Núñez. Sintomática es la búsqueda de esa casualidad en su nombre y apellido con el de la calle que sirve de sede social a algunas de las empresas del abogado vigués. Esas oficinas le sirvieron para hacer frente a crecientes deudas a finales de los noventa, años en los que tuvo que sortear incluso trámites de embargo de la mansión que domina, con torreón incluido, en A Ramallosa, junto a la desembocadura del río Miñor.
Actividad en los tribunales
Pero antes, dejó una impronta de su hacer ante los tribunales. Representó con éxito al ex presidente del Celta Ignacio Núñez en su pleito contra el club cuando fue destituido y relevado por Horacio Gómez. El mismo Manuel Núñez había integrado la cúpula celeste. El juicio del crimen múltiple de Nigrán fue su segundo gran caso mediático.