Aznar y Montilla animan la campaña

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Cuando los populares parecen recuperarse ligeramente en la intención de voto, ?en el equipo electoral de Rajoy rezan para que el ex presidente se mantenga callado

16 nov 2007 . Actualizado a las 19:51 h.

Todavía se preguntan los sociólogos por qué el Partido Popular empezó a caer en intención de voto desde su cómoda ventaja dos meses antes del 14 de marzo del 2000. Quienes le echan la culpa de su derrota al brutal atentado del 11-M tratan de tapar aquel retroceso que condujo a un empate técnico el miércoles 10 de marzo. Según Julián Santamaría , el PSOE ganaba por un punto antes del atentado y, según Carlos Malo de Molin a, el punto lo sacaba el PP. Pero da igual: empate prácticamente técnico, impensable dos o tres meses antes.

La explicación de aquel retroceso, según el entorno de Rajoy, está en la entrada en campaña del aún presidente Aznar . Aunque el PP había aguantado muy bien en las municipales y autonómicas del 2003, pocos meses después de las manifestaciones contra la guerra de Irak, a Aznar la opinión pública se la guardaba. Resistió el PP por los alcaldes y presidentes de comunidad, pero Aznar en persona acumulaba demasiadas connotaciones negativas: la guerra, la foto con Bush en las Azores, el Prestige , la desmesurada boda de su hija en El Escorial, la huelga general, etcétera.

Por eso ahora, cuando de pronto Aznar reaparece en un momento de supuesto ascenso del voto popular con su canción de siempre -«los autores de los atentados en los trenes no hay que buscarlos en montañas o desiertos lejanos, sino cerca de aquí»-, todo el que desea la victoria de Rajoy el 9 de marzo se apresura a hacerlo callar. Cómo será la unanimidad en el PP, en el que solo Acebes y Zaplana guardan silencio, que hasta Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre han coincidido. Y hasta en los coros mediáticos del PP se recomienda al presidente que haga menos declaraciones y se busque otra estrategia para vender libros. El más ocurrente, Raúl del Pozo , quien estima que, visto lo visto, se sospecha que toda la Revolución de Mao fue simplemente para vender El Libro Rojo .

«Que Aznar no lo vuelva a estropear», sostienen en el equipo electoral de Rajoy. Todos los esfuerzos por conquistar el centro los pone en entredicho el ex presidente en cuanto reaparece. Es la cruz de Rajoy. Cierto que Aznar le dio la gran oportunidad de ser presidente de España, pero también le entorpeció el camino. Ahora, después de casi cuatro años de desierto, la deuda de Mariano está amortizada y sería bueno que su benefactor lo dejara a su aire sin perturbarle el discurso.

Entretanto, en el campo socialista, donde cada reaparición de Aznar se celebra, se lamenta la supuesta ingratitud hacia Zapatero del presidente de la Generalitat, José Montilla . «Montilla es lo mejor que nos ha pasado en Cataluña en los últimos años», sostiene, a pesar de todo, un ministro socialista que no se deja contaminar por la desazón monclovita. Al fin y al cabo, lo que ha dicho en Madrid Montilla -«atención a un desapego irreversible de Cataluña hacia España»- no es incompatible con lo que reiteró al día siguiente: «Este Gobierno de España es el que más está haciendo por Cataluña».

En Cataluña, Carod-Rovira elogió a Montilla, Artur Mas lo fustigó y buena parte de la población, que es lo que a Montilla le importa, parece que lo comprendió, según las primeras impresiones. En Cataluña quieren un presidente que exija -sobre todo eficacia, que buena falta hace-, pero que no rompa con España, ni amenace con romper. Y el empresariado catalán se siente cada vez más seguro con Montilla. Con la máxima crudeza, un destacado empresario me comentó hace unos días: «Por lo menos, ahora el loco ya no pilota el avión. Algo hemos ganado».

Con Montilla, las aventuras políticas carecen de riesgo si las cosas van como se espera. Su relación con Zapatero no es buena porque este prefería a Mas en la Generalitat y así se aseguraba diez o doce votos para seguir en Moncloa. Pero un cuarto de siglo de pujolismo ha sido demasiado. Y, además, sus herederos se acercan a Esquerra.

Por eso Durán Lleida , que juega quizás su última oportunidad de ser ministro, amaga con romper la coalición: «Si perdemos centralidad, o sea capacidad de pactar con unos o con otros, no volveremos nunca al poder». Muy difícil lo tienen.