Ni la sentencia nos libera del 11-M

El PP se olvida de la subida del IPC y del precio del petróleo, y sigue empeñado en revolver los atentados de Madrid. Una estrategia cuyos resultados se sabrán en marzo


Cuando al presidente Montilla lo avisaron en Lérida del primer socavón en la línea del AVE volvió inmediatamente a Barcelona y ordenó por el móvil: «Ante todo seguridad, después cumplir los plazos». Zapatero , días después en su visita a Bellvitge, asumió esa consigna: seguridad, después restablecimiento de cercanías y lo último, el AVE en plazos.

Parece lógico. Pero no solo es eso: es el miedo a los muertos, que milagrosamente no se han producido. El consejero de Obras Públicas Joaquim Nadal lo explica gráficamente: «A nosotros no nos perdonarían un muerto. En un túnel del cercanías de la Generalitat valenciana murieron casi cuarenta personas, pero todo se olvidó enseguida, los medios callaron y ni siquiera hubo comisión de investigación». Cierto es que aquello fue producto de un error humano, pero no deja de tener razones para sentirse dolido.

Al fiasco del AVE, y lo que más duele, al corte que persiste de dos líneas del tren de cercanías que pasan por un vivero de voto socialista, se le ha sumado, como en toda España, el impacto de la sentencia del 11-M. Aquello sí que fue una carnicería, casi 200 muertos. Ni la sentencia nos ha liberado de la pesadilla política y mediática de la interpretación de aquella tragedia.

De forma simplista se diría que a los socialistas les conviene recordarlo para que en las próximas elecciones la llama de la indignación todavía esté viva, y de ahí la salida en tromba de José Blanco y de Pérez Rubalcaba con esa frase que pocos saben acuñar como él: «Señor Rajoy , repita conmigo: ETA no ha sido».

Lo sorprendente ha sido la reacción del PP. No solo la de Zaplana , que como Acebes lleva mal la digestión de aquellos trágicos días de marzo, sino las severas llamadas al orden contra los discrepantes que estiman que lo mejor sería pasar página y a otra cosa. A la todavía diputada Montserrat Nebrera , una brillante pero polémica profesora universitaria que llevó Piqué a las listas exhibiendo temperamento liberal, le dijeron ayer vía prensa, después de una reunión con Ángel Acebes y Astarloa en Barcelona: «Mejor que vuelva a la tertulia y deje el escaño».

Como la noticia de la regañina en el PP a los que no proclamen que hay que seguir investigando el 11-M se conoció el viernes, Pérez Rubalcaba, que tiene más cintura en política que Sergio Ramos o Puyol en el campo, proclamó ante Iñaki Gabilondo en Cuatro: «Por nosotros, pasamos página, pero depende del PP que sigue empeñado en defender que hay cosas que no se han investigado». Primero los calienta y después les perdona la vida, satisfecho al comprobar que no salen de la charca argumental.

Realmente, no se sabe quién asesora a Rajoy en esto, aunque se sospecha. Pero es de aquellos asuntos de los que no se sale más que en hombros o con los pies por delante. Si el próximo 9 de marzo Rajoy es presidente, esta táctica habrá sido un brillante éxito. Si gana Zapatero, los estrategas de esta arriesgada consigna serán aborrecidos.

Por lo que se ve, tres años y medio no han bastado para machacar sobre lo mismo sin desanimarse por los desmentidos y los ridículos -la mochila bomba o la cinta de la Orquesta Mondragón que supuestamente implicaba a los vascos- y el Gobierno, entretanto, encantado de que no se acuerden de que el IPC se ha disparado, ante la incredulidad de Solbes , y que el petróleo roza los cien dólares por barril. Las hemerotecas están llenas de titulares anunciando en su día que si pasaba de cincuenta habría guerra, de sesenta, guerra continental y de ochenta, casi mundial.

En España, las guerras se prefieren domésticas, civiles y caseras, como la que nos depara ahora mismo la política interior. Fernando Onega lo ha sentenciado magistralmente: «Va a resultar cincuenta años después que España sí es diferente».

Nos quedan tres meses de infarto antes de la gran verdad. Un periodista del Grupo Parlamentario Socialista confiesa: «Lo tenemos cada vez más justo». Un empresario que en su día fue diputado popular en Madrid celebra: «Cada vez veo a Mariano Rajoy más cerca». Cuando la distancia es tan ajustada, todo es posible.

Lo más sensato es no fiarse de las encuestas que a unos y otros entusiasman. Según Noxa, es decir Julián Santamaría , el PSC incluso subiría dos escaños en Cataluña, que bajaría Esquerra. Montilla admite que él tiene datos menos triunfalistas: aguantan, pero justitos. Y hasta concede que el PP recuperará en Gerona el escaño perdido. Las elecciones se ganan, si acaso, con realismo.

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