España no se rompe, pero estiran

El anuncio del abandono de Imaz, las sonadas protestas en los actos de la Diada y la quema de fotos del Rey en Gerona han sacudido la política española esta semana


Andaba este país distraído con el lío de las hipotecas y los nubarrones de la economía, cuando los supuestamente jubilados Arzalluz , Maragall y Pujol nos han sobresaltado con un panorama de desafíos digno del «España se rompe» con que se nos azotó media legislatura.

Empezaron los catalanes con sus ex presidentes rivalizando a ver quién ponía más incógnitas sobre el futuro común. Claro que era la Diada y en esa celebración siempre se exagera pero, por si acaso, al día siguiente en Madrid Montilla se ocupó de tranquilizar las aguas a base de un discurso lleno de confianza y serenidad. En Madrid se hacen cruces de cómo estaríamos ahora mismo de no haber jubilado a Maragall. «Es una mala persona, no tiene más explicación», se desahoga con este periódico un colaborador de Montilla. Así andan de dolidos.

Después vino el fiasco de Imaz, que anunció su retirada de la política porque no puede controlar la deriva soberanista y el calendario de Ibarretxe , Egibar y el jefe natural del grupo, Arzalluz, todavía dolido porque sus pupilos, es decir, él mismo, perdieron el congreso interno del PNV frente a Josu Jon Imaz.

No han parado hasta amargarlo con la ayuda ingenua de políticos y comentaristas de Madrid. Parece mentira que todavía no se haya aprendido que un elogio a cualquier Imaz en la capital equivale a un kilo de desconfianza en el País Vasco. Hay un sector del nacionalismo muy primario que sólo llega a razonar con esta profundidad intelectual: «Si en Madrid lo quieren, seguro que no será de fiar».

«Lo mejor para el País Vasco»

De Imaz dijo Felipe González que «es lo mejor que le ha pasado al País Vasco en los últimos años». Quizás aquella declaración marcó el punto de no retorno de la trayectoria de un nacionalista -independentista, por cierto- pero educado, instruido y capaz de escribir en su carta de adiós: «Que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie».

El miércoles y el jueves el Congreso de los Diputados respiraba con esa noticia un indisimulado aire de preocupación. Zapatero no quiso mojarse demasiado y dijo que le producía «perplejidad». Un colaborador suyo, de los que lo defiende aun cuando sabe que no tiene razón, concedía en este caso: «Cualquier cosa menos perplejidad, porque el Presidente ya sabía esa noticia desde algunos días antes».

En el Partido Popular la noticia inquieta también porque los cinco diputados peneuvistas que en su día socorrieron parlamentariamente a Aznar , como a González y Zapatero cuando se tercia, estaban también en las cuentas secretas de Rajoy para sumar una posibilidad real de gobierno. Con Imaz en el poder nacionalista esos cinco votos se digieren mejor que con los soberanistas camino del gran desafío: convocar una consulta a los vascos sin consensuarla con Madrid aun sabiendo que eso puede llevar a la cárcel al lendakari.

No son buenos tiempos porque cuando estos mecanismos se ponen en marcha, todo el mundo quiere más. Rafael Larreina , de Eusko Alkartasuna, sacando pecho ya le ha dicho al PNV que «el derecho a decidir de los vascos no es para proclamarlo y guardarlo en una vitrina sino para aplicarlo».

Sólo faltó que la semana terminara con la quema de fotos del Rey en Gerona con la policía autonómica que dirige el ex comunista Joan Saura sumida en un mar de dudas sobre su intervención.

El asunto no debe magnificarse, pero es lógico que a la Zarzuela le preocupe, sobre todo porque don Felipe, futuro rey, es Príncipe de Asturias y de Gerona, precisamente.

Turbulencias soberanistas

Con esas turbulencias soberanistas y republicanas no previstas, la campaña para marzo se perfila movida. De momento se ha acabado la veda de la demagogia y andan proponiendo viviendas casi gratis en Andalucía, dentistas gratis para niños de toda España, y otras agresiones a los Presupuestos del paciente Solbes . Que Dios nos conserve a Solbes porque lo que es capaz de aguantar este hombre en un océano de incógnitas globales y de despropósitos locales, es algo digno de elogio. Y una garantía de estabilidad.

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