Delincuentes comunes árabes conversos ejecutaron los atentados

Julio Á. Fariñas REDACCIÓN

ESPAÑA

BERNARDO RODRÍGUEZ

Cómo se gestó la masacre Los autores de la masacre buscaban forzar al Gobierno a que retirara las tropas de Irak, aprovechando al máximo la proximidad de las elecciones generales del 14-M

11 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Febrero del año 2004 fue un mes muy movido para los cerebros de los atentados que al mes siguiente hicieron saltar por los aires cuatro trenes repletos de trabajadores -residentes del corredor del Henares que trabajaban en Madrid- en los que murieron cerca de 200 personas. A primeros de ese mes, Joussef Belhad, responsable del ala militar y portavoz de Al Qaida en Europa, viajaba de nuevo a Madrid procedente de Bélgica -ya había estado en octubre para fijar la fecha del atentado- para reunirse con la célula terrorista e impartir las últimas instrucciones. Semanas antes había hecho lo mismo Rabei Osman El Sayed, Mohamed el Egipcio, otro de los ideólogos del grupo, que residía en Milán, donde le fue intervenida una conversación en la que, refiriéndose a sus discípulos en España, decía: «He transformado en combatientes muyahidines a un grupo de delincuentes comunes». Hassan el Haski, Abu Hamza , por aquel entonces uno de los máximos responsables del Grupo Islámico Combatiente Marroquí en España, movía frenéticamente sus peones desde la periferia de París. Los tres, que el jueves se sentarán en el banquillo como autores intelectuales de los atentados, estaban perfectamente coordinados con Sarhane Ben Abdelmajid, El Tunecino , uno de los muertos en la explosión del piso de Leganés. Sus relaciones se remontan a noviembre del 2001, fecha en la que, según la tesis de la acusación, comenzaron a pensar en un gran atentado en España con repercusión internacional. Se trataba de, ante la inminencia de las elecciones, dar muerte al mayor número de personas como respuesta al acoso judicial a que estaba sometida en nuestro país la retaguardia de Al Qaida -operación Dátil y otras- y a la posición del Gobierno español en la guerra de Irak. Los peones La mano de obra para ejecutar los atentados la reclutaron en las mezquitas madrileñas. Allí se ganaron para la causa a una serie de personas, mayoritariamente marroquíes, procedentes del mundo de la delincuencia común, trabajadores de extracción económica y cultural muy escasa. que estaba matriculado en el curso de doctorado de Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid, no tuvo demasiados problemas para formar una célula operativa a la que pronto se unieron seguidores de Mohamed el Egipci o y Joussef Belhad -Jamal Zougan, entre otros- y elementos vinculados en otros tiempos al GIA argelino. El núcleo de ésta quedó constituido en el verano del 2003. El Tunecino fue el encargado de contactar con Jamal Ahmidan, el Chino , uno de los muertos en Leganés, que lideraba una organización especializada en el tráfico de drogas. El grupo del Chino , que se había convertido en yihadista radical a su paso por una prisión marroquí, aportó a la célula su amplia experiencia delictiva. A él le encargaron la localización, adquisición y traslado de los explosivos, un elemento fundamental para la ejecución de los atentados. La cárcel, en este caso la de Villabona (Asturias) empieza en ese momento a jugar un papel clave en esta trágica historia. Allí se conocieron Rafa Zouhier, amigo de El Chin o y Antonio Toro, cuñado del ex minero Suárez Trashorras, que estaba preso por tráfico de drogas y explosivos. Al marroquí y al asturiano les faltó tiempo para hacerse amigos y hablar de negocios. Toro le presentó a su cuñado y Rafa no tardó en presentárselo al Chino. El éxito del negocio estaba cantado: «Yo te suministro hachís... o lo que quieras, y tu me pagas con dinamita».