Ha sido una semana de calvario y resurrección de Zapatero . En realidad más, porque el calvario comenzó el 30 de diciembre cuando voló un aparcamiento en Barajas. Como ha reconocido José Blanco , el Gobierno manejaba una información muy distinta y hay que hacer autocrítica. Si andarían despistados que cuando la furgoneta estalló, Otegi y el socialista Eguiguren , presuntos jefes de fila de las conversaciones, estaban reunidos y no precisamente para hablar de lo mal que anda la Real Sociedad. Zapatero ya pidió disculpas en sede parlamentaria, por su euforia ridiculizada al día siguiente, a una ciudadanía un tanto alarmada por la ingenuidad presidencial. Y salió del debate del Congreso en circunstancias poco triunfantes, aunque lo desmientan los sondeos. «Me pareció que Rajoy estuvo mal, por excesivamente duro, y Zapatero también porque parecía estar grogui», señalaba un empresario el pasado martes por la noche en Madrid. Y hay quien cree que en los días inmediatos, después del shock por la ruptura de la tregua, menos mal que tuvo a Pérez Rubalcaba como cirineo para ayudarle a llevar su cruz. Pero el miércoles por la mañana amaneció distinto. Desde las ocho y media había atasco de coches oscuros y de gran cilindrada en torno al Hotel Ritz de Madrid. En el Foro de Nueva Economía hablaba Zapatero, y en las mesas de varias salas se fueron acomodando ochocientos invitados y más de doscientos periodistas. En sólo tres o cuatro mesas estaba casi todo el Ibex 35: los presidentes de Iberdrola, Acciona, ACS, Ono, Air Europa, OHL, AC Hoteles, Telecinco y un largo etcétera; los números dos de Telefónica, Prisa, Antena 3 TV y de varias cajas de ahorro; altos directivos empresariales a granel y los jefes sindicales Méndez y Hidalgo , así como presidentes de patronales varias. Y también estaba Emilio Botín , que no va nunca a nada, salvo a lo suyo, circunstancia ésta que ha pasado casi desapercibida. «Ese dato es muy malo para nosotros -comenta un alto cargo del PP a este periódico- porque vimos ganadas las elecciones cuando nos dijeron, hace once o doce años, que en una cena privada, en la que escuchaba Botín a Aznar , acabó diciéndole que aquello sonaba muy bien y que sería bueno llevar aquellas ideas al Gobierno de España». Afrontó el presidente ante todo la situación de choque con el PP invitándolo a dialogar y se guardó para el final un eficaz golpe de efecto: desvelar que aquella frase por la que le mortificaban -«el Gobierno ha hecho, hace y hará todo lo que esté en su mano para acabar con la violencia»- en realidad se la tomó prestada a Aznar que la pronunció el día que ETA rompió la tregua asesinando al teniente coronel Blanco . Y habló de los buenos resultados económicos del 2006 y del esperanzador 2007 y elogió los acuerdos entre sindicatos y empresarios. Pero el compromiso más celebrado fue el de agotar la legislatura rechazando ese pronóstico de elecciones anticipadas que viene haciendo Zaplana desde el primer año. Quedó claro en conversaciones posteriores que el empresariado no quiere inestabilidad, ni broncas políticas. El más explicito, el presidente de una gran empresa citada en esta crónica: «Ha estado de diez. La gente quiere unidad frente a los terroristas, tranquilidad y progreso económico». Si la reelección dependiera de los allí presentes, Zapatero casi con seguridad repetiría. Afortunadamente para la democracia habrá que votar. El mundo económico puede influir pero no decidir. Y en las urnas ya se sabe, si los socialistas movilizan, suelen ganar, y si hay abstención, pierden porque la derecha vota en bloque. Algo de eso anuncia la encuesta de Colpisa. Lo sorprendente es el endurecimiento inesperado de Mariano Rajoy en el Congreso y en días posteriores con un tono capaz de movilizar al electorado socialista en socorro de su líder. Poca gente lo entiende y sólo alcanza a especular con que Rajoy veía débil al presidente y quiso acabar con él. Un alto cargo popular tiene otra explicación y describe a un Mariano Rajoy presionado internamente por Mayor Oreja , Acebes y compañía para una intervención dura. Y revela una reunión, hasta ahora desconocida, en el Hotel Villarreal, frente a las Cortes, inmediatamente antes de entrar en el hemiciclo. Según esta fuente de toda solvencia, allí prosiguió el calentamiento previo de Rajoy. Y Zaplana anunció que, según sus informaciones, Zapatero sería muy duro con el PP en el discurso inicial. La información, como se vio, no era correcta y la réplica dura sin precedentes de un Mariano Rajoy que es brillante parlamentario cuando se templa, acaso salvó a un presidente que no tuvo su mejor día en la tribuna de oradores. El año que falta para ir a votar se anuncia incierto. Zapatero ha pasado unos días fatales porque se veía cada vez más cerca de un final dialogado de la violencia. De hecho esperaban un nuevo contacto con la dirección de ETA a mediados de febrero. Pero el miércoles dio muestras de una recuperación rápida y, además, de encontrar el tono y el discurso que complace a los grandes empresarios que ante todo piden sosiego y estabilidad. Del interior del PP se sabe menos. El tono con que Rajoy ha comenzado el 2007 seguramente entusiasmará a los incondicionales, pero no es seguro que le sirva para abrirse al centro. Si las encuestas también lo calientan, ahí se quedará. Y, aun así, ni siquiera es descartable que gane. Menudo año.