Andalucía estabiliza a España

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

El consenso de socialistas y populares más Izquierda Unida para sacar adelante el nuevo Estatuto andaluz ha tenido efectos beneficiosos para toda la política española, y de forma especial para el PP. Mientras Cataluña se estabiliza a su particular manera -un tripartito con Montilla más estable y discreto que el anterior-, era insólito ver en las Cortes a Chaves , Arenas, a los líderes de IU y al propio Manuel Fraga , compartir puntos de vista. Mariano Rajoy acababa de dar su apoyo con un excelente discurso. Sólo Zaplana y su gente se revolvían en su escaño y, fuera del hemiciclo, los líderes mediáticos del PP, P. J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos, se llevaban las manos a la cabeza. Javier Arenas prestó un gran servicio a su partido esta semana: el jueves, con su voto afirmativo al Estatuto que él mismo ayudó a enmendar, y el viernes, porque se fue directo a los micrófonos de la Cope para desmontar punto por punto las acusaciones de que estaban rompiendo España. Pocos en su partido se atreven a discrepar en público con Federico. Ruiz Gallardón lo intentó y fue linchado en las ondas. No ha trascendido, pero La Voz puede confirmar que Federico Trillo y Ramón Jáuregui son personajes clave para alcanzar este consenso. Ha sido un balón de oxígeno para Mariano Rajoy, cada vez más preocupado por la actitud de Zaplana que, según un miembro de la ejecutiva popular, «va por libre, con agenda propia y seguramente con proyecto autónomo». Rajoy arropó a Piqué en su reunión del viernes y también a Arenas, que es pieza muy importante porque si el PP en Cataluña es la cuarta fuerza política, en Andalucía desafía al PSOE en los ayuntamientos de las principales ciudades y controla ya seis sobre ocho capitales de provincia. «El problema de esta gente es que con lo aprobado en este estatuto, que es muy razonable, se cargan ellos mismos la mitad del recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto catalán», declara Gaspar Zarrías , consejero de presidencia de la Junta de Andalucía. Pero el problema no es este texto, sino aquella desaforada posición. Cabe leer en esta actitud más razonable un paso importante para la estabilidad del PP en su intento, al menos de Rajoy, de no abandonar el centro político. Entretanto, en la «segunda vuelta» de las elecciones catalanas, Montilla y Mas han tomado el pulso a Carod Rovira, que pide una segunda oportunidad de gobierno. Descartada por el momento la sociovergencia que tanto desea el empresariado catalán y el PSOE, Montilla ha sido rotundo: «Antes la oposición que un mal tripartito». La jugada está muy difícil porque el PSOE no tiene capacidad de intervención alguna dado que el PSC jurídicamente es un partido asociado pero independiente. Se suele decir en Madrid estos días a estos efectos que el PSC es como si fuese el PS francés. Felipe González aceptó esta formula en 1977 para no encontrarse con dos partidos socialistas en Cataluña, y ahora no es descartable el conflicto. Zapatero y Blanco se hartan de decir que se hará como el PSC quiera, entre otras cosas porque no tienen más remedio, pero saben que un nuevo tripartito, sobre todo con Carod dentro, es un valioso regalo al PP. Otro cosa es el análisis exultante de Ángel Acebes anunciando que el mal resultado de Montilla es el presagio de lo que le pasará a Zapatero en las elecciones generales. Cualquiera en la lista sabe que el PSC ha perdido votos como un colador, es decir, por varios agujeros: de maragallistas ofendidos por la brusca retirada del presidente hacia Esquerra Republicana, incluso hacia CiU o hacia el voto en blanco que fue muy importante en estas elecciones; de votantes socialistas descontentos por la izquierda hacia Iniciativa per Catalunya. Y también de votantes hartos del excesivo nacionalismo del PSC hacia la emergente formación de Ciudadanos, que ahora se quiere exportar al resto de España. La política de Zapatero puede ser más o menos acertada, pero todavía no se le han detectado esos agujeros, o equivalentes, por los que ha perdido fuerza el PSC. Ahora el PSOE le ha pasado la patata caliente a su presidente, Manuel Chaves, para terciar si es necesario con Montilla y los suyos, por lo que de nuevo aflora la condición de Andalucía como factor de estabilidad. En cualquier caso, los comentaristas políticos y los dirigentes de los partidos demasiado ocupados en analizar el retroceso del PSC no han reparado lo suficiente en las consecuencias que pueda tener el asentamiento en el futuro de una fuerza como Ciutadans, que entra en el Parlamento de Cataluña con tres diputados respaldados por casi cien mil votos. La tentación de algunos es trasladar la experiencia a Madrid, Valencia y alguna otra gran capital con el objetivo, en el primer caso, de que Ruiz Gallardón pierda las elecciones, o al menos se le obligue a pactar con algunos concejales que pudiera obtener esta fuerza política emergente. Fue el propio Mariano Rajoy, en la reunión del viernes, el que alertó sobre las características tan peculiares de esta fuerza, que a su juicio es de izquierdas, laica y que apoya la negociación con ETA. No podía ser menos si sus impulsores son el dramaturgo Albert Boadella , el periodista Arcadi Espada , o el escritor Felix de Azúa . Que hayan sido las ondas de la Cope quienes hayan alentado el voto hacia esta formación no rompe las bases de compromiso con la que fue creada: se trata de una fuerza antinacionalista y se cree que la corriente crítica del PSC Ágora, integrada por más de 200 militantes y todo su entorno de influencia, hayan desembocado en esta formación.