Nadie es forastero en Córdoba

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: El Churrasco Es un mundo hechizado, una quintaesencia de lo cordobés, con líricos patios y terrazas, comedores deliciosos como el de la Abuela y una cocina regional suculenta

12 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Fui a conocer el hotel Al-Mihrab, adquirido recientemente por el grupo Jale Monasterio, y encontré una mansión señorial de mediados del XIX asomada a las últimas estribaciones de Sierra Morena, rodeada de frondas y rumores de agua cantarina, y desde mi terraza podía divisar las ruinas de Medina Azahara... Lo que sucede es que las obras de cocina y restaurante no están terminadas, y no sirven a mediodía, de modo que volví a bajar a tumba abierta al Zoco cordobés y mis pasos, que son muy mandones, me condujeron en derechura a El Churrasco (C. Romero, 16, tno. 957 290 819). Como digo en el título, nadie es forastero en Córdoba, y habrá pocas ciudades en el mundo tan hospitalarias, sociables y cariñosas como ésta, de modo que el hecho de presentarme allí solo como la una no encierra nunca, al final, problema alguno de soledad, porque Rafael Carrillo, fundador y líder de este emporio de belleza, me coge del brazo para conducirme a su irrepetible patio y me cuenta, emocionado, que allí mismito han estado hace unos días el Rey y la Reina, a los que la alcaldesa de la ciudad quería dar una sorpresa. Almorzaron y todo, don Juan Carlos le dio bien al diente, aunque venían de otra recepción, y se quedó extasiado con la espuma de aceite de oliva que Rafael utiliza en lugar de la mayonesa. Doña Sofía, más sobria, alabó el gazpacho blanco con piñones. Luego durmieron la siesta en la Hospedería del Churrasco, nuevo hotelito de la familia, ocupando la habitación Julio Romero de Torres, que ha pasado a llamarse Alcoba Real, «mama» (la estupenda Mary, esposa y compañera de venturas y desventuras del prócer) le regaló un retrato de la Infanta Leonor en punto de cruz a la Reina, y parece que se fueron encantaditos: Rafael continúa muy conmovido. Y, bueno, nuestro corto viaje culmina en la aludida bodega, en la que alterno con unos cuantos señores desconocidos, y entre ellos me endilga como compañero de almuerzo al buen padre Rafael Galisteo, capellán de las buenas hermanas clarisas y también solo, con quien compartiré el almuerzo en la terraza-comedor del Limonero. Qué rico el salmorejo cordobés, uno de los trade marks de la casa, qué sobroso y aromático el surtido de ibérico de bellota del Valle de los Pedroches... y qué inmensidad de carta, desde las pijotas o los boquerones fritos a la japuta en adobo, o ese cocido con pringá prescrito para los miércoles. Mi simpático cura y yo tomamos también berenjenas, otro de los platos paradigmáticos de la casa, compartiendo después un sabroso churrasco cordobés, que por algo la casa se llama El Churrasco. Pero...¿qué me dicen ustedes, señoras y señores, del rabo de toro, la presa de paletilla al carbón de encina, la pierna de cordero lechal al horno o, ya puestos, el ciervo braseado sobre culí de higos secos macerados al oporto? Total, que del Rey abajo... ¡al Churrasco!