Evocación tailandesa en Jorge Juan

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Thaidy Tailandia refuerza su presencia en el Barrio de Salamanca con este restaurante recién inaugurado: es pequeño, pero su carta resulta amplia, y buena la relación calidad precio

29 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Ahora se habla mucho de fusión en este país tan raro (el nuestro), y bajo tal banderín de enganche se perpetran toda clase de maridajes que en más de una ocasión se convierten en contubernios, como aquél de Múnich que recordarán los más ancianos de la localidad, pero deseo dejar sentado que la cocina tailandesa venía ya «fusionada» ancestralmente por influencia, sobre todo, de las inmensas China e India. También viene imbuida de preocupaciones religiosas como decía Julio Camba de nuestros potajes, bacalaos y otras hierbas, aunque en este caso no se trate de la religión católica, sino de la budista, y de ahí que sea originariamente vegetariana, aunque el contacto con Occidente, que todo lo contamina, haya abierto sus cartas a las carnes y otros pecados. Pero el caso es que ahí tenemos a Thaidy (Jorge Juan, 54, tno. 91 575 78 97), con personal desgajado del público y notorio Thai Gardens. El recién llegado es menos opulento, más barato y no tan lujuriante de vegetación como el Thai, pero ya les crecerán las plantas. Sí hace gala de las sutilezas y lirismos que solemos atribuir a Tailandia en sus orquídeas y otras flores que ornan las mesas y, junto a unas velas, en una especie de pequeño altar votivo que encontramos nada más entrar. También resultaría muy evocador el manantial que desciende intramuros por la pared contigua a mi mesa si no fuera porque se oye el ruido del motor que garantiza, supongo, su movimiento continuo. Nos atiende el amable, risueño y parlanchín Edwin Ravela, filipino él de la isla de Luzón, jefe de sala, relaciones públicas y, según todos los indicios, líder carismático de la casa. Le pregunto si la palabra Thaidy es una recreación de la expresión inglesa «tidy», pulcro, y me contesta afirmativamente. De vez en cuando pasa por allí, casi ingrávida la gentil Ta Naksavvat encargada de los postres y el estilismo de los platos. Suya debe ser la zanahoria que adorna la ensalada. El invisible jefe de cocina se llama Suwit Phormamdaeng. Aforo 44 comensales. Culinariamente, todo se desarrolla a base de menús-degustación, desde 11,90 a 30 euros, disponibles a lo largo de la semana, de lunes a viernes, a los que hay que añadir el menú especial, largo, largo, para las noches de los domingos, lunes y martes. Carta de vinos muy corta, precios saludables. En cuanto a mí, me gustaron los entrantes, particularmente el pastel tailandés de marisco con maíz, los crujientes envueltos y las brochetas de pollo. Rica y variada la ensalada, aunque el mejillón debía venir de muy lejos. Por la misma razón, el tempura de langostinos pasó por nosotros «sin romperlo ni mancharlo». Estaban muy buenos los rollitos de primavera tailandeses, así como la pechuga de pato asado al curry rojo, y dice mi «parí» que los plátanos con leche de coco eran bien potables. Los horarios son más «estrechos» que los españoles (14.00 a 16.00 y 21.00 horas a medianoche, entre semana, y hasta las 00.30 horas los weekends ) y hay un servicio de