Uno de los aspectos que caracterizan a Lucía Prada es su positividad, lo que plasma a la hora de sacar el máximo partido a cada uno. - ¿Se viste bien en Madrid y el resto de España? -Cada vez mejor, en A Coruña lo noto muchísimo, tal vez por la globalización, que ya es total. Zara y otras tiendas por el estilo contribuyen a esto, porque puedes acceder a cosas que están de moda a precios asequibles. Para lo que antes tenías que viajar, ahora quien más y quien menos se puede hacer un apaño con estos establecimientos. - Sin embargo, la cruz de esta posibilidad es la tendencia a ir de uniforme. -Por supuesto, por eso lo que propongo es mezclar cosas del hoy, ayer y mañana. Abrir el armario de tu abuela y sacar una reliquia, eso lo sé por experiencia propia. Yo hasta salgo con bolsas del pan de mi abuela y tengo mucho éxito. «¿Qué haces con este bolso, es de Chloe?», me preguntan incluso. Lo de reciclar, mezclar y customizar es lo mejor, pero para eso hay que tener también una visión. A mí me sale muy rápido, pero sí que hay gente que me da prendas para que lo haga yo. Suelo comprarme ropa y la deshago, de forma que convierto lo que antes era un vestido, en un modelazo. Hay que tener mucha paciencia. - ¿Cuáles son las cualidades necesarias para esta ocupación? -Tener un buen ojo para los colores y amplitud de mente. Imaginación en general. Es necesario ver todo más bonito, que tu ojo vea todo más bonito y actuar conforme a ello. - ¿Considera que la ropa debe ser reflejo de la personalidad? -Lo que nos ponemos es reflejo de cómo nos sentimos en ese momento. - ¿Hay que ser atrevido? -Cada uno se marca sus propios límites. De hecho, a mí no me gusta criticar a la gente por su forma de vestir. Si una persona va a gusto y ella cree que está estupenda, olé.