«A cualquier pseudoempanada se la denomina como gallega»

Marina de Miguel LA VOZ | MADRID

ESPAÑA

BENITO ORDÓÑEZ

Entrevista | Fernando Arribi Barcia El director comercial coruñés lleva trece años distribuyendo en la Comunidad el célebre pastelón de Cedeira, elaborado artesanalmente en el negocio familiar

29 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La empanada es, sin lugar a dudas, uno de los mejores embajadores culinarios que tiene Galicia. Ya sea de carne, bonito o sorprendentes ingredientes, capaces de conquistar el paladar al mínimo bocado, es la mejor forma de superar la morriña por la tierra natal. Fernando Arribi Barcia es el responsable de distribuir en la Comunidad de Madrid el pastelón de Cedeira, que realiza su familia en un horno artesano de la mencionada localidad coruñesa desde hace generaciones. - ¿En qué consiste su tarea? -Llevo trece años ocupándome de la distribución en la región del pastelón de Cedeira realizado en el Horno Artesano Arribi, aunque también se vende en Galicia, Asturias y Cantabria. Tengo un equipo de cuatro personas y me dedico a una labor estrictamente comercial. Empecé abriendo campo, buscando diferentes clientes y distribuyendo el producto. A medida que fuimos creciendo, ampliamos la plantilla para hacer las entregas. Ahora tenemos transporte propio, como dicta la normativa. - Además de ser familiar, se trata de un negocio con mucha solera. -Surgió hace muchísimos años, a finales de 1800, por la bisabuela o tatarabuela de mi padre. La masa es lo que más define a nuestro producto, ya que los ingredientes, siempre de calidad, que la rellenan pueden ser muy variados. La receta se ha transmitido a lo largo de los años de generación en generación hasta la actualidad. Desde muy joven, mi padre trabajó en la panadería de mi abuelo, pero después de casarse, se dedicó a otros negocios, como una fábrica de refresco y la cría de ganado porcino, empresa que tuvo que dejar por la peste porcina africana. Tras ello, retomaron otra vez el negocio familiar, empezando un pequeño mercado en Ferrol y más tarde en A Coruña. Finalmente apostamos por la capital, aprovechando que yo estaba aquí. - ¿Cómo se plantean ese salto tan crucial para un negocio modesto? -Conociendo un poco la ciudad y viendo los establecimientos que potencialmente podrían ser buenos clientes. Hay que creer mucho en el producto, porque no ha variado su calidad durante todo el tiempo, y acertar con lo sitios. Continuamos con ilusión y ganas de seguir ampliando, pero de una manera afianzada, no teniendo una línea ascendente muy espectacular. - Pero entraña riesgos. -No son muchos, si se dan los pasos adecuados y se adapta la infraestructura de la empresa a la demanda que va surgiendo. No se puede uno precipitar. Son pequeños pasos que hay que emprender con calma para que el producto resulte como es deseable. - ¿Y la competencia? -Existe mucha mediocridad. Una cosa que me parece bastante demencial es que a cualquier pseudoempanada que hay por ahí se la denomina como gallega. Da igual que no se realice en Galicia y no responda al concepto genuino. Lo triste es que no sólo ocurre en Madrid, sino también en Galicia.