Crítica | Gastronomía COMER EN ÉVORA: Divinus El Convento do Espinheiro, fundación jerónima de 1458, es hoy el primer cinco estrellas del Alentejo: la antigua bodega alberga el Divinus, su restaurante gourmet
27 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Volar desde la kafkiana T-4 de Barajas al pequeño aeropuerto de Badajoz constituye todo un escueto anticipo de las percepciones que enseguida nos asaltarán por tierras lusas, porque dejamos atrás una gran capital destrozada por obras babilónicas que jamás se desembocarán en una nueva y hermosa Babilonia, así como una Comunidad asolada por la codicia de los constructores y la connivencia de los políticos, para descubrir una ciudad de 60.000 habitantes que parece detenida en el tiempo y un campo-campo de esplendor: inacabables encinares, verdor de yerba fresca, gozosa eclosión de los cantuesos y los jarales. Lo mismo sucede en el ámbito gastronómico: allí no vino a amargarnos la cena ningún cocinero pomposo contándonos, por ejemplo, las virtudes culinarias del vialone nano o el pecorino romano, o el mérito de haber cocido la merluza a 40º. Nos dan lo que tienen y han tenido siempre, que suele estar más bien rico, y santas pascuas. Es como una recuperación del pasado, de la cordura. Y ustedes perdonen este desahogo, señores lectores: si no lo digo, reviento. Bueno, y vamos ya con el Convento do Espinheiro (Canaviais, ap. 594, 7002-502, tno. 266 788 200, Évora, Portugal), hogaño hotel de lujo perteneciente a la exquisita Luxury Collection de Starwood, donde nos hemos alojado mis colegas y yo durante nuestra estancia en Évora: lo primero que llama la atención al aproximarse es su mole, que le confiere condición de atalaya sobre las llanuras circundantes, hecho que pudimos corroborar desde la terraza de la Suite Real D. Juan II, donde el director general Dinis Pires y la vivaracha María Carapinha, directora comercial, nos ofrecieron la recepción de bienvenida con pompa y circunstancia, chacinería, vinos autóctonos, ricos quesiños de Évora y grandes dosis de amena hospitalidad, todo lo cual nos dejó muy predispuestos a continuar disfrutándolos en el restaurante Divinus, donde cenamos seguidamente. Larga carta, de imposible enumeración exhaustiva, y menú iniciático, con diversas tapas alentejanas (guisantes con morcilla, huevos meneados con espárragos verdes, queso de Arraiolos gratinado con oréganos y aceite, peixiños de la huerta (patanicos de bacalao), y a continuación ensalada de bacalao con corteza de brona y legumbres salteadas, todo regado con vino blanco Malhadinha 2004 y seguido de lomo de novillo de Mertolengo salteado en la sartén con ajo y laurel sobre ensalada de patata, setas estivales y compota de cebolla roja, contundente, con vino tinto Tapada de Coelheiros, con orgía final de postres típicos y moscatel de Alambre para remojar la subsiguiente bola gástrica. ¡Ah!, el hotel tiene 17 habitaciones y 6 suites en el convento, más 36 en el ala nueva, y recomiendo al cliente que disfrute de las vistas, el jardín, la piscina exterior, las salas de reuniones de negocios y el Spa: mis compañeras querían que me diera el masaje de chocolate, lo más plus, pero elegí otras opciones...