Aznar maquilla su propia historia

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La convención del Partido Popular estuvo a punto de arruinarla Florentino Pérez , porque si llega a presentar su dimisión cinco días más tarde, deja a Mariano Rajoy como un simple jugador del Real Madrid, de los pavones más que de los zidanes . «Es que parece que haya dimitido el Rey», exclamaba Maida Liaño, una periodista sevillana sorprendida por el exceso hemerográfico de esta semana. Pero si Florentino abrió la semana con su huida, el ex presidente del Gobierno José María Aznar la cerró en plan galáctico, en la convención de los populares en Madrid, para maquillar su propia historia en un pasaje muy determinado: el de su intento de negociar con ETA el fin de la violencia, noble objetivo que todo presidente de Gobierno se ha sentido obligado a acometer. Zapatero también, como Suárez , González y Aznar antes, pero a él se lo niegan, según José Blanco , «porque el PP no acepta que la paz con ETA la pueda firmar un Gobierno socialista». Menos mal que ayer en la propia convención, Ignacio Astarloa , ex secretario de Estado de Seguridad con Mayor Oreja , declaró: «Tiendo la mano desde el PP a Zapatero para alcanzar el fin de la violencia, pero el proceso debemos hacerlo juntos y con transparencia». Esa afirmación, y el hecho de que socialistas y populares votaran juntos el viernes algún artículo para podar el proyecto del Estatuto catalán, son dos notas aisladas de esperanza. Y lo que siguió: los contactos con el mundo etarra en Burgos, con un obispo como intermediario, y la reunión de Zúrich con destacadísimos dirigentes de la banda con delitos penales pendientes en España. Reducir eso a que los enviados de Aznar solamente fueron a preguntar «que si se rendían» -«así, de un día para otro», como ha ironizado el dibujante Peridis -, no se sostiene. Sobre todo, cuando en esas mismas fechas un centenar largo de presos etarras, entre los cuales figuraban algunos de los más sanguinarios reclusos de la banda terrorista, fueron acercados a cárceles de la Península desde Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla. Todo correcto, porque es legítimo que su Gobierno lo intentara y que ofreciera contraprestaciones de distensión, pero tratar de negarlo es alterar la imagen de lo que realmente sucedió. Este episodio pone en primer plano el aislamiento máximo del Gobierno Zapatero en materia informativa por la alineación de buena parte de la prensa, radio y televisión con las tesis de los populares, sin matices ni distancias. A ello se suma «la interpretación que se hace en Televisión Española y Radio Nacional de España de la independencia, que lleva a que en una tertulia suelan coincidir tres comentaristas en contra del Gobierno, y sólo uno a favor», afirma a La Voz un alto cargo del PSOE. El increíble baile de cifras sobre los manifestantes de Madrid en la convocatoria de la AVT, que oscilaba entre los 114.000, según el recuento policial, y 1.400.000, según la Comunidad de Madrid, es otro ejemplo de falta de criterio periodístico, más allá de la patética distancia entre los dos principales partidos del país. Todavía, en ocasiones anteriores, algún medio publicaba una estimación por su cuenta y justificaba el cálculo. Hoy, las dos Españas informativas están así de alejadas. Y es difícil rebatir la medición policial, detallada por el Delegado del Gobierno en Madrid, el pontevedrés Constantino Méndez . Pero los medios del millón cuatrocientos mil -cifra que fue rebajada posteriormente a un millón- no han publicado, salvo excepciones, la justificación del conteo. «La Comunidad de Madrid ha montado ahora un circo sobre la inseguridad ciudadana en la capital, que es inferior a la época en la que gobernaban Mariano Rajoy y Ángel Acebes -declara Méndez-, para tapar que se pasó, y mucho, en las cifras de la manifestación». A por un PP moderado En cualquier caso, la reaparición de Aznar con su duro discurso pronunciado entre aclamaciones cierra significativamente el espacio de maniobra de Mariano Rajoy. La llamada a la moderación del partido, protagonizada por Alberto Ruiz-Gallardón , inmediatamente rebatido en la tribuna por Esperanza Aguirre , y las declaraciones de Josep Piqué y de Alberto Núñez Feijoo , demuestran que la corriente de apertura al centro político existe, pero no tiene por ahora la intensidad suficiente. «Pienso lo mismo que Mariano Rajoy», se atrevió a decir hace unas horas Josep Piqué. Pero personas de su entorno confirman a La Voz que constantemente, desde el propio partido, se les abronca por las posiciones que sostiene el político catalán. La sensación es que Mariano Rajoy quiere hablar de futuro y de proximidad a los problemas sociales y que sólo Ana Pastor , Núñez Feijoo, Ruiz-Gallardón, Piqué y muy pocos más están en esa onda. El resto prefiere el apocalipsis narrado por Aznar, aunque sea al precio de maquillar su propia historia.