Homenaje al mago de la Transición

El Rey, todos los presidentes de la democracia y los principales protagonistas de la Transición resaltan su espíritu integrador, su sentido de Estado, su audacia y su valentía personal


la voz | madrid

Fue el artífice de la Transición, pero la prensa, la oposición, los militares y hasta algunos sectores de su propio partido lo denostaron sin piedad. Hasta tal punto que tuvo que dimitir el 29 de enero de 1981. A sus 72 años, Adolfo Suárez padece una demencia senil degenerativa que le impide recordar que fue el primer presidente de la democracia postfranquista y ser consciente de que su nombre está ya en la Historia. Las críticas pasadas se han tornado en merecidas loas, como se puso de manifiesto ayer en el gran homenaje que se le dispensó en el programa Protagonistas de Punto Radio, dirigido por Luis del Olmo y emitido desde el Círculo de Bellas Artes de Madrid.El Rey, todos los presidentes que le sucedieron y los protagonistas de la Transición, entre ellos Santiago Carrillo, elogiaron sus virtudes personales y políticas, desde su audacia y valentía a su sentido del Estado y su capacidad de diálogo. En un emotivo mensaje escrito para la ocasión y leído por Adolfo Suárez Illana, el monarca recordó la «profunda amistad» que le une a Suárez y destacó sus cualidades como político: talento, prudencia, intuición, sentido de Estado, espíritu integrador, patriotismo, capacidad de escuchar y respetar las opiniones de los demás. Gracias a todos estos valores, dijo, fue posible la «gran operación de concordia nacional que hoy conocemos como la Transición». Zapatero dijo que «España le debe mucho a Adolfo Suárez», porque «encarna como nadie a una generación de valientes» que lucharon por la libertad y la reconciliación y resaltó que fue un «hacedor de consensos». José María Aznar vinculó a Suárez con el «nacimiento de la España contemporánea, moderna y democrática» y se declaró «continuador» de su obra. Por su parte, Felipe González alabó su capacidad de «convencer y encantar en lo corto», porque «era y es un hombre más de diálogo que de tribuna». Le definió como «una persona con un espíritu muy abierto y con una capacidad de diálogo y entendimiento del otro muy importantes». Por último, Leopoldo Calvo-Sotelo, el único de los cuatro que estuvo presente en el Círculo, reconoció que le fue «muy difícil» suceder a Suárez. Para él, éste no dimitió por un hecho determinado, sino por un «estado de ánimo» provocado por varios acontecimientos. «Sintió que no era respetado, primero por la prensa, luego por la oposición, que exageró mucho, y, lo que es más grave, dentro de su propio partido», afirmó.

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