Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Furama Este restaurante, recién inaugurado, es todo un símbolo de los tiempos que corremos:decoración neoyorquina, cocinas china, japonesa y vietnamita, pura fusión de fusiones
19 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.En las actuales corrientes culinarias capitalinas se junta el hambre con las ganas de comer, o, mejor dicho, con las ganas de no comer. Y escribo esto porque la imparable proliferación de restaurantes orientales en Madrid -además, sin sonadas bancarrotas- sólo puede interpretarse desde la comprensión de una curiosa coincidencia histórica: las cocinas de Oriente, harto más sobrias que la española tradicional y, por mor del budismo, mucho más cargadas aún de preocupaciones religiosas que ésta, dijera lo que dijese mi admirado Julio Camba, llegan masivamente a nosotros, y se infiltran en nuestras costumbres cotidianas, precisamente cuando este país de largas hambrunas y escasos y bestiales enchentes compensatorios, impulsado por los tics del mayor bienestar económico, abandona su secular obsesión por llenar la andorga y se obceca con la salud, la dietética, la estética, la privación volitiva y contagiosa, el adelgazamiento como objetivo. Es... impresionante. Ojos oblicuos Pero vayamos a la praxis, que no es gerundio: Siguiendo el ejemplo de Colonial Norte, del que me ocupaba recientemente, Furama (Paseo de la Florida, Madrid, tno 916 419 926) ha instalado sus reales, muy cerca del anterior, en la antigua estación madrileña del Norte o Príncipe Pío. Inaugurado hace menos de dos meses, se trata de un agradable restaurante, muy oscurito y con un aforo superior al imaginable por el cliente bisoño, ya que los comedores, en planos próximos pero distintos (¡cuidado con los escalones!) están separados entre sí por cristales y frondas interiores. Un silencioso ascensor nos deposita en la penumbra, ornada en rojo y negro, según pude colegir, por el interiorista Benjamín Calleja. Por lo que se refiere a la manduca, el almuerzo comenzó por sushis ( nigirisushi , tekkamaki y makizushi , entre otros: este último era el que más armonizaba con la decoración), dim sum hervido (¿sabían ustedes que el gobierno de Hong Kong acaba de lanzar una alarma más bien histérica contra este manjar ancestral, en el que ha detectado demasiada sal y demasiada grasa?, ¡con lo inocente que parecía el nuestro!), rollitos vietnamitas ricos... Tras este exordio le rogué al joven jefe de sala David Moreno, discípulo del recientemente galardonado Miguel Ángel García Minelli, que me permitiese continuar a mi aire y, concedida graciosamente la venia, me decanté por la anguila a la parrilla, que me pareció deliciosa y llena de sabor: mucho influye, claro, mi pasión por la tal anguila, la lamprea y demás señoras reptantes. De segundo plato principal, me decanté, recordando mis tiempos londinenses del Prospects of Whithy, por el pato a la naranja, también satisfactorio. Hay mesas teppanyaki , para quienes gusten de estas cosas, menú degustación de lunes a viernes de 10 a 12 euros, y dos teppanyakis por 25 y 30, respectivamente. Hay parking, inmenso y mal señalizado, y abren de 13 a 16 y de 20 a 24.