Debate sobre el estado de Rajoy

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

14 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La situación política de estas horas, de estos días, es a todas luces delicada y debe ser tratada con exquisita prudencia. El asunto principal es una eventual negociación con ETA, siempre y cuando deje las armas, para acabar con cuarenta años de terrorismo. Y para ello el presidente del Gobierno pide la venia al Parlamento, que se la concederá presumiblemente el martes pero con una unanimidad amputada, la del Partido Popular y esa es mala noticia para todos, incluido el PP. Pero el tono agrio y la escalada verbal que tiene la crispación como estrella-guía , introduce otro factor de riesgo también preocupante: la estabilidad interna del líder de la oposición Mariano Rajoy . Tras la refriega parlamentaria de esta semana y el maratón negociador de ayer para preparar el cierre de las sesiones sobre el estado de la nación, lo que se debate ahora es el estado de Rajoy. Su estado anímico, su estrategia política y su estabilidad en el seno de una ejecutiva donde algunos han acreditado que, cuando hablan, lo hacen por boca del Gran Ausente . El Gran Ausente reapareció en Santander para decir que «Rajoy estuvo bien, muy bien» en el debate frente a Zapatero , elogio que a un personaje de la agudeza de Rajoy debería inquietarle. Sobre todo porque en esas mismas declaraciones añadía que nunca autorizó negociaciones con ETA, cuando hay palabras suyas inequívocas confirmando las expectativas generadas por esos diálogos, como reproducen en las últimas horas algunas emisoras. «Y si no, tendríamos que creer que su secretario de estado de Seguridad Martí Fluxá , el director del gabinete de Presidencia Zarzalejos y su sociólogo asesor Arriola fueron a Suiza a hablar con el número uno de ETA por tomar un café», ha dicho Alfredo Pérez Rubalcaba. El gran debate Lo cierto es que el gran debate ha ido dejando paso a comentarios, artículos y preguntas sin respuesta, sobre Mariano Rajoy. Aunque el ministro Montilla haya dicho exageradamente que «Rajoy dejó a Aznar como un centrista», todo el mundo se pregunta el por qué de ese discurso cáustico. El catálogo de explicaciones recogidas es espectacular: «Así se blinda de los ataques de los duros de su partido ante una posible derrota de Fraga en Galicia; de ese modo no podrán decirle que él tiene la culpa por su tibieza, sostienen diputados el PSOE. Otros creen que esa dureza de Rajoy forma parte de una maniobra de largo alcance para fijar posiciones en el ala derecha de su partido y desde ahí recuperar las posiciones dialogantes propias. Lo que parece claro es que nadie lo sabe a ciencia cierta y todo el mundo percibe que el tono del enfrentamiento limita enormemente futuras maniobras. «La mano tendida de Zapatero es a ETA, no al Partido Popular», dijo ayer Rajoy en Santiago. Eso, sumado a la acusación de que «no respeta a los muertos» y algunas perlas negras más, describe un preocupante cuadro de involución en la capacidad de diálogo de uno de los personajes más interesantes de la política española en los últimos años. Y si se ha abierto ese debate sobre el estado de Rajoy es no solo por la sorpresa de su giro verbal sino también porque se intuye que una eventual caída de su liderazgo sería una pérdida para encontrar consensos y superar los problemas del país. La fotografía de Zapatero y Rajoy frente a Ibarretxe , cada uno a su estilo, cada uno con su música, el pasado mes de enero en las Cortes, fue el mayor soplo de confianza en la ciudadanía vasca y desde luego ambos ganaron popularidad. Es más: entre aquel debate y el resultado de las elecciones vascas se desarticuló el Plan Ibarretxe o, al menos, el lendakari no ha vuelto a hablar de él. Todas las personas consultadas por La Voz coinciden en señalar que esa máquina forzada de Rajoy con declaraciones poco acordes con su talante puede conducirle a una situación crítica en algún momento del pulso. Inquieta su tensión y hay quien ha escrito sobre su tristeza en sus últimas comparecencias. Y hay unanimidad también en señalar que no sería bueno que por una razón u otra, a medio plazo, el político gallego entrara en una vía secundaria. Los desafíos Sin detallar otros desafíos, tenemos por delante un gobierno por formar y una mayoría nada clara en Euskadi, un parlamento por renovar y un gobierno en el aire en Galicia, y un gobierno de coalición que hace aguas y que presumiblemente abandonará el PP en breve, en Canarias. Pero más importante aún, sin que dependa fundamentalmente de las fuerzas políticas constitucionales, tenemos un terrorismo por erradicar que ha escrito páginas muy dolorosas en nuestra historia contemporánea. Este país que sufrió cuarenta años de dictadura lleva casi otros cuarenta de terrorismo etarra, fenómeno que comenzó en el franquismo aunque los franquistas lo hayan olvidado. Llegada la democracia, se ofreció desde la Constitución la más generosa oferta para la paz que se haya conocido -hubo un día en el que no quedó en la cárcel ni un solo preso de ETA- pero buena parte de los liberados pasaron de nuevo a formar comandos y de ahí las trágicas ofensivas de principio de los años ochenta. Hoy parece que existe otra posibilidad de diálogo ante la que cabe ser prudentes y hasta escépticos pero sería una irresponsabilidad no explorar decididamente las posibilidades de obtener el fin de la violencia. Probablemente Zapatero como en su día Felipe González y más tarde Aznar -aunque lo haya olvidado- padezca de un exceso de euforia ante la posibilidad de terminar con la banda. Y desde luego suena a cierta ingenuidad cuando se afirma desde el PSOE que cualquier acuerdo se hará sin contrapartidas políticas de ningún tipo. Ya se verá, y ya se verá también si a la tercera va a la vencida o no. Pero lo que sí es cierto es que desde el área constitucional en lo que va de año se ha roto el ritmo del lendakari, se han archivado sus planes y nadie cree posible, como ya solo sueña Otegi , que Navarra entre en cualquier plan de negociación. Nada será fácil ni gratuito, pero para afrontar esos retos es mejor que Rajoy permanezca sólido y con estilo de siempre, no el de la última semana, en la presidencia del PP. De ahí el debate sobre el estado de Rajoy.