Los etarras del comando Donosti guardaban 60 kilos de explosivos

Alfonso Torices MADRID

ESPAÑA

La Policía Nacional requisó ayer en Hernani (Guipúzcoa) los explosivos con los que los miembros del recién desarticulado comando Donosti de ETA se disponían a cometer varios atentados, según explicaron fuentes de la investigación. El arsenal estaba oculto en un trastero propiedad de la familia de Marta Igarriz Izeta, la presunta colaboradora del comando detenida el jueves pasado, que hoy declarará en la Audiencia Nacional. El trastero ubicado en un bloque de viviendas de la calle Txirrita de Hernani ocultaba más de 60 kilos de explosivos y el material necesario para elaborar atentados terroristas de diferentes características: bombas-lapa para vehículos, coches-bomba con activación a distancia y artefactos iniciados con un temporizador. Los elementos para la confección de bombas se completan con diverso material para la sustracción de automóviles y la falsificación de placas de matrícula y con la presencia de dos subfusiles con sus respectivos cargadores. El hallazgo da por buenas las conclusiones a las que llegó la Policía Nacional la Semana Santa pasada cuando arrestó en San Sebastián al presunto núcleo duro del comando Donosti (Iker Olabarrieta, Igor González y Carmelo Laucirica) y que confirmó el jueves pasado con la detención en Hernani y Mondragón del supuesto grupo de apoyo e infraestructura (Marta Igarriz, Gorka Aztiria y Gaizka Olabarrieta). Los investigadores creen que Olabarrieta, como jefe, y los otros dos liberados (a sueldo de ETA) llegaron a Guipúzcoa en febrero desde Francia con la intención de recoger información, captar colaboradores para reconstruir el complejo Donosti y comenzar a atentar de inmediato. Así se lo habría ordenado Garikoitz Aspiazu, Txeroki , el actual jefe de los comandos de la banda terrorista. El arsenal El registro en la calle Txirrita permitió requisar en el trastero 48,8 kilos de dinamita Titadyne, empaquetados en bloques de 2,8 kilos y de 100 gramos, similar a la robada en los últimos años por ETA de canteras y empresas francesas. Junto a la dinamita se localizaron 12 kilos de algún tipo de clorato (utilizado por los terroristas para la confección de explosivo casero) y 1,5 kilos de azufre, usado para potenciar las detonaciones. Para la confección de los artefactos, los miembros del comando tenían en su poder 42 metros de cordón detonante, 14 detonadores eléctricos, tres temporizadores, dos sistemas iniciadores por movimiento para bombas-lapa y un sistema de emisor y receptor electrónico, así como diverso tipo de herramienta. Los terroristas contaban también con un escáner de frecuencias de radio para conocer los movimientos de las fuerzas de seguridad, de dos subfusiles y de abundante munición. Las armas, guardadas en una mochila, son un subfusil MATT con dos cargadores, un subfusil UZI con un cargador y dos cajas, de 50 cartuchos cada una, de la munición que ETA utiliza habitualmente para sus armas cortas -nueve milímetros parabelum-.