ZP tiene un problema: Maragall

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

09 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Lean con atención, o relean si les cuesta creerlo, este primer párrafo: La Voz puede confirmar que las indemnizaciones prometidas por el presidente Zapatero a los afectados por el túnel del Carmel en Barcelona no se han podido pagar aún porque la Generalitat se niega a tramitar el expediente que acredita su condición de damnificados. Así de rotundo. Los damnificados, en la calle protestando, y la burocracia, impidiendo que llegue. Más detalles: los talones nominales con la cantidad prometida están firmados en la Delegación del Gobierno en Cataluña a la espera de ese trámite pendiente de la Administración que preside otro socialista, Pasqual Maragall . Que a los políticos catalanes de cualquier partido les molestaron los aplausos de los afectados del Carmel a Zapatero, se sabía y hasta se comprendía piadosamente porque lo consideraron una injerencia. Hasta Durán Lleida y Carod Rovira protestaron por aquella visita al barrio afectado, visita de la que Maragall y el alcalde Clos salieron dolidos porque los vítores a Zapatero se tornaron en silbidos para ellos. Pero que se retengan esos pagos, probablemente a la espera de que las administraciones catalanas lleguen a un acuerdo con los afectados, parece inconcebible. Se diría que el interés ciudadano pasa a segundo plano porque lo importante es que no vuelvan a aplaudir a Zapatero, más diligente. Parece que el presidente, el Gobierno y los socialistas tienen un problema muy serio que no es el País Vasco, aunque se trate de un asunto nada fácil, ni la crispación introducida por algunos dirigentes del PP, ni la conspiración político-mediática para echarle la culpa al PSOE de los atentados del 1l de marzo. Nuevo escenario Nada de eso es grato, pero salvo que el próximo domingo en Euskadi aparezca una mayoría absoluta del PNV y, peor aún, reforzada con otros diputados nacionalistas, habremos ganado otros cuatro años para intentar en un nuevo escenario político el fin del terrorismo etarra. En cuanto a la crispación promovida desde ámbitos doloridos por la pérdida de poder el 14-M, parece probado que sobre todo excita a sus propias bases y a los tertulianos inflamables, lo cual no es bueno para el clima de convivencia del país pero no inquieta demasiado, acaso demasiado poco, ni al Gobierno ni al Partido Socialista. Y en lo que se refiere a las interpretaciones de la autoría intelectual del 11-M, basta deleitarse con la sorna del periodista Gregorio Morán cuando escribe en La Vanguardia : «Primero sacaron del baúl de los disfraces el contubernio etarra-islámico, cosa muy lógica para gentes como Zaplana o Acebes , listos para atacar y torpes para entender.(...) Y de ahí pasaron a la conspiración socio-fundamentalista, argumento que se cae por su base porque todos los espías y confidentes trabajaban para el Gobierno del PP en aquel momento, Gobierno que no estaba de vacaciones, que se sepa». No son esas intoxicaciones el problema fundamental de Zapatero. En otro orden resulta inquietante el precio del petróleo, como para cualquier gobernante o ciudadano, porque ha comenzado a negociarse en el mercado de futuros producciones a cien dólares el barril. Ese es el negro horizonte de casi todas las economías en el mundo. Pero en lo que a política interior se refiere, el problema de Zapatero, y cada día más serio, es Maragall. Basta como ejemplo la última semana: recomendó un gobierno PNV-PSE en Euskadi, que, aunque ya existió con Ardanza-Jáuregui y fue la época de mayor estabilidad, no se puede sugerir a pocos días de las elecciones sin perjudicar al candidato socialista Patxi López . Pidió un régimen foral para Cataluña y negó los del País Vasco y Navarra, con lo que salieron a protestar desde Miguel Sanz, de UPN, a los presidentes socialistas de Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía. Hasta Manuel Chaves , que es además presidente del PSOE, ha tenido que pararle los pies y eso que a Chaves es difícil provocarlo: «Yo no sé como este hombre aguanta serenamente -dice a La Voz su consejera de Educación Cándida Martínez - cuando Javier Arenas y su gente le dice esas barbaridades tan injustas». Pues Chaves, que no se inmuta aunque lo insulten, ha puesto al presidente catalán en su sitio. Y, por supuesto, la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, que advirtió que Cataluña tendrá el mismo sistema de financiación que las autonomías de régimen común, al tiempo que defendía los de Euskadi y Navarra, cuya diferencia consagra la Constitución. Hablaba De la Vega, además cuando lo dijo el viernes, como presidenta en funciones del Gobierno, dado que Zapatero asistió ese día por la mañana en Roma al funeral del Papa y predicó por la tarde en San Sebastián. Ciertamente es difícil sacar de quicio a más gente, incluso amiga, en pocos días. Así las cosas, se va a abriendo paso una hipótesis sobre Maragall que sólo se dice en privado y con mucho tiento pero que Convergència i Unió, que recorre su particular Via Crucis por la pérdida de poder, formuló en público el pasado viernes después de la semana triunfal del presidente de la Generalitat. Equilibrio psíquico Fíjense en el recurso eufemístico para sugerir en público que Maragall no anda bien en su equilibrio psíquico: el portavoz de Convergencia, David Madí , propone en un comunicado «la creación de un comité científico en el Palau de la Generalitat para investigar a qué responden las actitudes e incoherencias de Maragall». Dado que se basa Madí para su petición, según escribe en otros párrafos del inefable comunicado, en «los disparates que dice Maragall», o «en el cúmulo de despropósitos que dice..» etc., se supone que no reclamará científicos nucleares, ni informáticos para esa comisión. Claro que a Convergencia le interesa colar entre esos disparates la acusación del tres por ciento de comisiones ilegales de obras bajo mandato pujolista, pero no deja de ser cierto que ese comunicado, si se pasara a la firma, seguramente lo suscribiría hasta Rodríguez Ibarra , quien como toda explicación hasta ahora sostiene que «Maragall es más nacionalista que socialista». Acaso estemos ante otro eufemismo en boca de un hombre que parece que faltó a clase el día que explicaron ese concepto gramatical por el escaso uso que suele hacer de él.