Los entresijos de la operación «Ballena blanca» Los investigadores han trazado el recorrido que seguía el dinero blanqueado, desde que entraba en Marbella, hasta que salía a través de las empresas fantasmas de Gibraltar.
19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El mapa imaginario de la red de blanqueo desarticulada la semana pasada en la Costa del Sol coincide con las coordenadas geográficas de la trama. Según los investigadores, el dinero entraba por el bufete marbellí del abogado Fernando del Valle y salía a través de empresas fantasmas de Gibraltar. Pero es que la franja costera que une ambos territorios era también el teatro de operaciones del entramado. La mayor red de lavado de capitales desarticulada en Europa -con un movimiento de 600 millones de euros, más de tres veces el presupuesto anual del Ayuntamiento de A Coruña- tejió su madeja financiero-inmobiliaria en la bolsa de suelo más suculenta de España: la inhóspita costa que va desde Marbella hasta el la colonia británica, y que comprende los municipios de Benalmádena, Manilva -en la provincia de Málaga-, San Roque y La Línea -Cádiz-. Casi todos los inmuebles incautados a los responsables de la trama se encuentran ubicados en este espacio geográfico. Entre ellos destacan dos urbanizaciones de chalés a medio construir situadas junto al elitista complejo de Sotogrande, en el límite entre ambas provincias. Una de ellas es la colonia Regencia Alcaidesa Playa, situada junto al arenal del mismo nombre y que ayer por la mañana permanecía cerrada a cal y canto. La finca cuenta con campo de golf propio y cuando esté acabada contará con medio centenar de chalés a 90 millones de pesetas cada uno. Un poco más hacia el interior, en el municipio de Manilva, se encuentra la finca La Parrada, que perteneció al entramado del bufete marbellí antes de ser vendida por 160 millones de euros a un grupo de promotoras locales. A fecha de hoy, el lugar es un monte desangelado, pero los planes son levantar aquí 3.000 viviendas de lujo. Estas tierras a ambos lados del estuario del río Guadiaro eran hasta hace pocos años lugares remotos alejados de las grandes capitales andaluzas. Pero la autopista hizo el milagro aquí y a afectos prácticos se puede decir que la Costa del Sol llega ya hasta las mismas faldas de El Peñón. El crecimiento de estos municipios ha sido tan desaforado que actualmente no hay ningún tipo de cartografía que dé una medida de su nivel de urbanización. La gran pregunta en este enjambre de grúas es si todas estas viviendas se habitarán algún día. José Luis Díez Ripollés, director del Instituto Andaluz de Criminología, que lleva años investigando la construcción en la zona, desmonta el mito de las urbanizaciones fantasma: «No, fantasmas no. Porque siempre habrá alguien dispuesto a comprar. Sigue desembarcando gente que quiere vivir aquí. Las urbanizaciones se venden. El problema y la ventaja al mismo tiempo es que estamos en una zona de gran atractivo mundial». Más allá de la inevitable vinculación de estas promociones con el blanqueo de dinero, a cualquier viajero que llegue hasta aquí le inquietan las repercusiones medioambientales. Actualmente hay un debate entre los agentes sociales implicados: turismo hotelero o residencial. Con el primero se saca más partido a un menor espacio. El segundo ocupa mucho terreno para que a lo peor el único usuario sea un alemán que viene quince días al año y apenas deja dinero. Al respecto, Díez Ripollés considera que habrá que estar vigilantes para que no se reproduzca el modelo en el interior. «Por desgracia, a estas alturas la costa ya no tiene remedio. Ahora se trata de evitar que destruyan los pueblos de la sierra».