Crónica política
30 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Era difícil destacar en la semana grande de Zapatero que hoy termina con dos fotografías históricas. La primera el jueves, con los presidentes de las comunidades autónomas, que junto a los Reyes y los príncipes, es la foto de la España constitucional de 1978, que nunca estuvo al alcance de Aznar porque se querelló contra varios de los presentes. La segunda el viernes, con los presidentes de los países de la nueva Europa para firmar una Constitución que simboliza la unidad política del Viejo Continente. Con ese programa de fiestas cualquiera conseguía un protagonismo, sin caer en la pataleta. Pues Fraga supo hacerlo y, aunque la semana se le terminó enredando por los líos gallegos de nunca acabar, debe anotarse un reconocimiento renovado en España hacia la figura de don Manuel. Y es que Fraga es todavía mucho Fraga, en contra de lo que creen algunos adversarios y bastantes partidarios. La propuesta era arriesgadísima para Zapatero: reunión de todos los presidentes autonómicos, más los de Ceuta y Melilla, en un momento de beligerancia verbal por la próxima reforma de los Estatutos y, acaso, de la Constitución. El problema no era tanto Ibarretxe , excelente artista del guión habitual del PNV de dentro-fuera, como el posible plantón de los presidentes del PP, inquietos por la consolidación del presidente del Gobierno español. Ese era el verdadero riesgo para Zapatero. Pero este hombre tiene suerte -a ver si le dura una semana más y gana Kerry en las urnas- y le vino Dios a ver el jueves encarnado en la figura de Fraga. El fundador del PP, amparándose en la verdad absoluta de que esa Conferencia de Presidentes la propuso él mismo en 1992 sin que González primero y Aznar después le hicieran caso, decidió que asistiría aunque fuera el único de su partido, imagen de desconcierto que los lobos que rodean a Mariano Rajoy en la ejecutiva no se podían permitir. Así que acudieron todos aún con caras largas, el documento con las discrepancias terminó en alguna carpeta perdida y, después, todavía se permitió el viejo líder poner en su sitio a alguno con aquello de que «con esas declaraciones sólo buscan titularcitos y pavaditas». El asunto tiene verdadera trascendencia política y no puede despacharse como un gesto más del carácter recio del presidente gallego. La situación es calcada de la etapa de oposición del PP cuando todo valía para erosionar a González, la delicada cuestión del terrorismo incluida. Para encontrar un hombre sensato había que acudir a ex ministros franquistas o de la transición como Rodolfo Martín Villa , Fernando Suárez o el propio Fraga. Frente a ellos, personajes como Álvarez Cascos o Luis Ramallo , sin duda más jóvenes y supuestamente más modernos, exhibían rasgos de un autoritarismo inquietante. Era la diferencia entre gentes con sentido de Estado y otros anclados en las miserias de la política partidaria. Después el PP, como era deseable para consolidar la alternancia, ganó el Gobierno y, tras una luna de miel con los nacionalistas vascos y catalanes, reapareció la crispación promovida desde el mismísimo poder. Ya saben el resultado electoral y personal: Aznar pasa por la etapa de mayor aislamiento de su vida política, sin duda desproporcionado porque este país es pendular y en él se transita velozmente de la gloria a la marginación. La Voz ha podido confirmar que un enviado del ex presidente realizó gestiones sin éxito en Galicia para que Aznar fuera invitado a la última romería del Monte do Gozo. Y ha podido saber también que en una conversación muy privada de Fraga con una persona de confianza, a propósito del aislamiento que padece Aznar, el presidente gallego se sinceró: «El o buscou». Fraga, esta semana, se ha alejado una vez más de la política partidaria. Él propuso esa Conferencia de Presidentes hace doce años -y el PSOE y el PNV la rechazaron- porque creía que era positiva para España, como apoyó en otro momento la administración única o la reforma del Senado como cámara territorial. Y cuando un presidente de Gobierno recién llegado ha retomado su vieja propuesta le ha parecido que seguía siendo positivo celebrarla, aunque estuviera bastante vacía de contenido y deficientemente organizada. Pero ahí queda esa referencia para el futuro y el alivio plástico que supone verlos a todos en una foto aunque sus diferencias sean pronunciadas. Pero no ha terminado ahí la semana victoriosa de Zapatero y de Fraga. El viernes se constituyó formalmente la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo firmada por los presidentes de Cataluña, Aragón, Baleares, Midi-Pyrénees y Languedoc- Rosellón. Al fin y al cabo los socialistas Maragall e Iglesias y el popular Matas , junto a los franceses, no hacen más que seguir la estela de gallegos y portugueses con la Eurorregión Atlántica que Fraga apoya desde hace diez años con firmeza. El tiempo le ha dado la razón al promover ambas iniciativas. Entretanto, Zapatero afronta el toro más difícil desde que gobierna: el posible indulto a Rafael Vera , personaje enigmático cuya verdad se desconoce. Está probado que Barrionuevo era un hombre honrado y Roldán un delincuente. Pero de Vera no se sabe nada definitivo, ni siquiera si ahora nos está anunciando destapar secretos de los fondos reservados o tomar el camino de quitarse la vida. Si Zapatero resuelve ese espinoso asunto sin erosionar su crédito, sin duda sus acciones se dispararán en la bolsa política.