Aznar, un peso muerto para Rajoy

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Pasar de ciudadano a presidente de Gobierno es recorrer un camino intrincado. Pero el regreso es acaso peor. Adolfo Suárez en su día y Felipe González así lo acreditaron. A Aznar se le supone aún más difícil la reconversión porque viene de una mayoría absoluta ejercida sin compartir nada, ni con la oposición porque no lo necesitaba, ni con su propio Gobierno porque así lo decidió. ¿Lo más difícil? Probablemente, guardar silencio y comprobar a diario que ya no se es lo que era. Felipe González, consultado por La Voz, tiene una teoría al respecto: «Lo más difícil por encima de todo es no seguir analizando cualquier problema en clave de Gobierno. Es como si los asuntos que te pasan por delante, como a cualquier ciudadano, los diseccionaras y los procesaras buscando la solución para intervenir. Como si tu cerebro estuviera programado para eso y no se desconectara cuando dejas la Presidencia». Y cabría añadir: que cuando se dispone uno a intervenir comprobara decepcionado que está jubilado a esos efectos. Que Aznar está pasando por ese calvario, nadie lo duda. Y que, de paso, el vía crucis es para Mariano Rajoy , tampoco. Dos intervenciones suyas en pocos días han recordado al nuevo líder popular y a su equipo que Aznar está ahí y que callado se encuentra incómodo. La primera, la llamada al presidente Bush para decirle que está en contra de la decisión de Zapatero de retirar las tropas. La factura de esa incorrección la pagó el PP. La segunda, su artículo en Abc , repiqueteado por buena parte de la prensa y la radio española, en el que combatía la decisión de Zapatero. «Cada vez que sale el asunto de la guerra de Irak, salimos perdiendo. A ver si es posible pasar página de una vez», sostiene un colaborador cercano del nuevo líder popular. Está difícil: esta semana vuelve presentando su libro. El entorno de Rajoy presiente que hay Aznar para rato. El ex presidente, que no merece tanto rechazo como el que ha sentido, no está dispuesto a difuminarse y su presencia alienta la fractura que difícilmente se oculta en el Partido Popular entre las gentes de Rajoy y los partidarios de una línea agresiva sin contemplaciones. Esta semana se ha visto de nuevo esa distancia: mientras Ana Pastor va consolidándose como persona laboriosa y cercana a los periodistas parlamentarios, Eduardo Zaplana sorprendía a la prensa al arremeter sin piedad contra el Gobierno por no haber recibido los datos del último sondeo del CIS, datos que tenían todos grupos de la Cámara. Al final se aclaró: a Zaplana también se los dieron al mismo tiempo que a los demás, sólo que no abrió el sobre. La diputada socialista Teresa Cunillera , que no deja pasar oportunidad de colocar unas banderillas, comentaba después: «Este hombre tiene que entender que ya no es ministro y que ahora los sobres se los tiene que abrir él mismo». Aznar, empeñado Mientras Zapatero sigue con su vértigo de viajes y decisiones -algunas bien polémicas, como la de situar a un general del Aire al frente de la Guardia Civil-, los moderados del PP observan con preocupación a Aznar empeñado en convencer al mundo de que acertó al meter a España, vía foto de las Azores, en la guerra de Irak. Pero no sólo fue la imagen: se implicó ardorosamente en las gestiones para lograr adhesiones a la causa de Bush especialmente en el área hispanoparlante con un resultado conocido: ni México ni Chile, dos piezas codiciadas porque estaban en aquel momento en el Consejo de Seguridad de la ONU, rompieron su neutralidad. Y eso que ambos tienen en vigor un tratado de libre comercio con Estados Unidos. El único socio que quizás aportó Aznar a la coalición fue Portugal, donde el crédito de Durao Barroso , anfitrión en las Azores, se cuestiona. La opinión pública portuguesa, impresionada por los atentados del 11-M en Madrid, no aprobó las críticas de Durao a Zapatero por retirar las tropas, especialmente los sectores económicos preocupados por la repercusión en las relaciones hispano-lusas. Y se ha quedado boquiabierta ahora por la visita anunciada por el presidente español a Lisboa el próximo martes por la tarde para dialogar con Jorge Sampaio , presidente de la República, con Ferro Rodríguez , el debilitado líder socialista, y con el propio Durao Barroso como si no hubiera pasado nada. Tranquilidad en Portugal «La visita nos tranquiliza -declara a La Voz el abogado Rui Botica Santos , especializado en negocios con España- porque después de la reconstrucción del eje Berlín-París-Madrid sentimos que vuestro país, en esta nueva etapa, no dará la espalda a Portugal como desgraciadamente sucedió en otros momentos de la historia». En Lisboa impactó especialmente esta semana la noticia de que Telefónica de España puede aumentar su presencia en Portugal Telecom superando al Banco Espirito Santo. Si la entidad que lidera Ricardo Salgado no crece en participación, Telefónica será el accionista de referencia. No se espera que Zapatero lleve este importante asunto en la agenda que, si se confirma, creará algunas tensiones porque se trata de la primera empresa del país, propietaria, además, de periódicos y televisiones de pago. Más bien parece una operación de lo que ya hasta con ironía se llama «el talante». En otros tiempos recientes, no se imagina uno al presidente del Gobierno español visitando un país extranjero pocos días después de recibir severas críticas de su primer ministro.